Quiero ser montaña, quiero ser viento, quiero ser arena, calor en la piel, sorbo en la sed. Quiero ser libre. Paso en el baile, cuerda en el acorde, aire en la tuba, frescor en la hierba, palma del pie. Quiero ser libre. Abrazo de madre, vida por delante, revisión de la condena, el que entrega la vida, el que desea ser amado. Quiero ser libre. El todo de las partes, piel en contacto, niño en el recreo, bandera arriada, frontera cruzada. Quiero ser libre. Luz en la ventana, carta marcada, sello en tu lengua, remite en tu correo, la noticia con la que esperas despertar, un gol más que el contrario, purasangre en la carrera, apuesta favorita, tortuga en la fábula. Quiero ser libre. El decorador de tu mente bien amueblada, tu problema y su solución, el resultado de tu ecuación, el canto del pájaro en la mañana, el tobogán por el que resbala el qué dirán. Qué es el amor sino entregar tu vida por el que depende de ti, renunciar a tu libertad por la felicidad del que te necesita. Quiero ser libre, pero renuncio a ello.
Lo único a lo que me soy capaz de comprometerme es a que si nos enamoramos alguno de los dos terminará con el corazón roto, quizá ambos. Somos libres de mirar hacia otro lado, a tapar nuestros oídos, a usar guantes para que nuestras manos no se rocen, también podemos tratar de disfrutar la felicidad pasajera, que los acordes de la guitarra guíen el compás de nuestro pies, que nuestras miradas perdidas se encuentren en el mismo sueño, que nuestras pieles sean la ropa de cama en la que escondernos un fin de semana perezoso. Claro que no te he olvidado, sólo he ignorado tu recuerdo, igual que tu respuesta feliz desveló la espera paciente del momento oportuno. Entiéndeme, solo trataba de ser honesto con mi inseguridad y la tuya, saber si ambos seguiríamos sintiendo lo mismo con el paso del tiempo, la excitación de preguntarse si el otro estará pensando lo mismo que tú en este momento, poder charlar en silencio, sonreír desde adentro, robar los colores al arcoíris, no cambiarte por nadie en ese instante, saber que eso es estar en el centro del universo, que todo lo demás sobra en ese segundo de eternidad, susurrar secretos al oído en un idioma sin palabras que sólo los dos entendemos, disfrutar ese tipo de conexión, usar las agujas del reloj como palanca para detener el tiempo y así remendar los trozos de nuestro pasado haciendo de nuestro futuro un quilt con el que abrigar la esperanza reencontrada.
El trabajo de un historiador es poner en orden el azar, relatar su curso pasado. La religión pretende dar un significado trascendente al azar. Dios no jugó a los dados, dios es el dado y el universo su partida, el orden en que sucesivamente ha caído, el guarismo. El filósofo trata de entender los guarismos, el científico predecirlos y explicarlos mediante fórmulas, conocer las reglas del juego. El bien y el mal, sólo distintas tolerancias al sufrimiento, blanco, gris y negro, en última instancia sí o no.
Ya sé que fue una desdicha de chiste por mi parte, confiscar una sonrisa con el altruismo avaricioso de un santo. Hay días que se apagan con sólo despertar, se cierran las persianas a la ilusión con la salida del sol. Establecimos un copago en nuestra relación, yo te di motivos, tú reproches, la lujuria en la soga de la compañía. Abrir en canal el alma con el escarpelo de la introspección, es cosa de saber gestionar las vísceras, casquería emocional. Enredado en tus susurros no pude oír las advertencias, disfrutando con serenidad la esquizofrenia de odiar lo que no es posible dejar de amar. Descubriendo a tu yo verdadero, el que habita en el pensamiento de los otros, dejando escapar la imagen idealizada que tras años de experiencia habías forjado de ti mismo. Comprendiendo que la unión sólo es posible en la distancia, la alegría en la añoranza, la melancolía, el valor de ser capaz de querer porque dolerá, seguro que dolerá. Callar, no contestar, pero escuchar, pero sufrir, comprender. Sonreír, para adentro, el reverso de una cara triste. El haber estado ya ahí, declinar la invitación, cruzar de acera con amabilidad. No pero sí, sí pero no. Claridad meridiana en la ambigüedad, la patente del derecho de admisión, a refugio de lo tangible te ves alfarero de tus sentimientos, amoldando tus deseos a las carencias que ofrece la abundancia.
Te entregué el diente caído, una semana moviéndolo con el dedo, ratoncito, ratoncito, un hueco en la nueva sonrisa saludaba el regalo que no llegó. Desde que el alcohol no riega las venas la fuente se secó. Llamó a un amiguito para salir a dar un paseo pero vuelve a decir que no, otra vez su reflejo en los escaparates le acompañará al caminar. Volvería a nacer si no supiese todo lo que ha aprendido, si volviera la inocencia. Hicimos manitas algunos días pero los intrusos que ocuparon la infancia dejaron algunos cables desconectados. El rato que queda de vida prefieres odiarte a ti mismo y pelear con tus devociones. No fue nombrado entre los de sus pandillas, se acostumbró a jugar con chinchetas y empezar colecciones que dejar a mitad. Imaginó que lo mejor estaba por llegar, y lo mejor era imaginar que estaba por llegar. Llegaron muchas cosas, pero de todas se fue. La vida es un karaoke de canciones desconocidas, imposible ajustar la letra a la melodía, una apuesta bipolar, un dulce encuentro entre desconocidos, el arraigo de un presagio, el azar escondido en lo predestinado, procrastinar con heroicidad, escuchar con los ojos, ver con el corazón, temer con el estómago, sonreír desde el dolor, transgredir la felicidad, compulsivo descanso, tozudo despertar de cada día. Llora cada instante un nuevo nacimiento, siempre, lloran también cada muerte, algunas no, tal es el destino, cruelmente almibarado, el perfume de un beso a la madrugada, por un poco de entendimiento podría hasta renacer. Tal vez se llevarán mi arcoíris de ansiedad, el veneno de respirar una vez más, todo el amor que no has sabido regalar. Después del apocalipsis de entender, te queda aguantar las paredes de tu cuerpo, bombear emociones, achicar sentimientos, esculpir deseos, todo a medio camino de un lugar sin coordenadas preestablecidas, la taxidermia del alma que se consume con religioso capitalismo. El olvido de un post it que llevaba escrito tu aniversario con tinta invisible, muerte de un nonato, descabalgado de un ideal muy realista, el materialismo de lo simbólico, la liturgia de lo aleatorio siempre es la misma.
En la infancia, con toda su inocencia, se van formando los monstruos en que algunos adultos se convertirán. En la vida hace falta una buena predisposición al masoquismo para ser feliz. No hay peor desconfianza que la que con uno mismo se puede alcanzar. Las adicciones son la representación eufemística de la vida. Las letras son los átomos del lenguaje, los traductores que en su encadenada sucesión representan la consciencia, el rastro de que un día paseamos por estos pastos. Se supone que en la vejez sientes la soledad, el sentimiento desubicado perenne, cuando todas las hojas que conocías han caído ya del árbol de tu vida. El otoño, la estación que anuncia la hora de preparar las maletas para el invierno. Pero qué pasa si has ido perdiendo el equipaje por el camino, cuando ya no hay creencias ni fe que sirvan para guardar lo que de puro hueco careces. El vacío. Es lo que da sentido al sinsentido, lo que encaja las piezas del rompecabezas, el vacío es el descodificador universal de los secretos más ocultos. Sólo conocer las travesías en el desierto de otros te da la compasión suficiente para interpretar tu desconfianza, la empatía por los paisajes desolados de los hermanos de pérdida, de los voluntarios al abandono, de los místicos de lo agnóstico, de los escépticos de la incertidumbre, los disidentes de los patriotas de la felicidad por decreto, los okupas del último territorio al que no dar acceso a los que tratan de educar su libertad según el canon, los okupas de su propia intimidad. Los errores, que es de lo que trata esto de vivir, te ofrecen la oportunidad de pagar en cómodos plazos de tristeza para el resto de tus días, con el sueño idílico de lograr saldarla por medio de la indiferencia. La dicha de recrear sobre el papel tu desdicha.
Lo que no es obligatorio está prohibido. Hay que temer lo que no produce terror, desconfiar de lo seguro, inspirarse en lo prosaico. Bailar descalzo sobre una nota, un verso explicando un orgasmo, esculpir el aire, bostezar a la mañana. Saludar la despedida, desnudar el esqueleto. Nadar en el bidé, leer una lengua desconocida, acurrucarse al andar, la tensión de sudar quieto. Espejismo en el espejo, el futuro es el pasado de los que vendrán, la semilla que crece hacia adentro, farola de camino intransitable. Estilo en la caída, equilibrismo a fin de mes. Conspicuo ignorante, último en un concurso de perdedores. Deportista estático, atleta sedentario, cronista de la parálisis. Usufructuario del porvenir caducado, doctor en el fracaso, medicina del suicida. Ociosa comparación, el seis sin el nueve, comprometido sin causa. La desconfianza de la soledad en compañía, el desamparo provocado por el éxito, rendirse a la victoria. Detrás de cada gran hombre hay un fracaso, en cada gran soledad hay exceso de compañía. Nuestras tristezas nos hacen distintos unos de otros, pero iguales en conjunto. La felicidad transcurre paralela a la ignorancia, la necesidad se envuelve en deseos, estos procrean la muerte. La seguridad depende de la tolerancia a la incertidumbre. La intolerancia es amiga de lo unánime. Sólo los cobardes son valientes, ahí radica su mérito. El sabio desaprende, tal es el secreto para empezar a conocer. La experiencia practica la usura con los recuerdos, enseña a desmontar las ilusiones, la madurez traduce la certidumbre del niño en la incomprensión del adulto. La vida es el rito que nos convoca a la muerte. Es complejo lidiar con la sencillez. Es sencillo equivocarse en lo simple. La existencia es un libro dividido en capítulos, sin prólogo ni epílogo. La metáfora explica lo que no tiene significado, lo que no tiene significado es cada una de las letras del alfabeto en que la naturaleza escribe su curso.
http://www.youtube.com/watch?v=fZo-pW1aKmM
http://www.youtube.com/watch?v=Jv8Z2jU7HQ4
http://www.youtube.com/watch?v=5u2JkuCn_ek
Compasión y expresión, presión y extorsión. Desplazamiento pormenorizado, columpio emocional. Introspección e intromisión, expiar y defecar. Evangelio de papel higiénico, compromiso insumiso. Destrucción y burbujas, onanismo autárquico. Desprecio cariñoso, verso en la prosa. Perversa inocencia, inmune hipocondría. Trenes que se cruzan en los mismos railes, vasallo es su majestad. Objeción de conciencia fiscal es el beso al narcopornocapitalismo. Militares canguro, utopía del armamento. La franquicia de la hambruna, la ONG de la eyaculación. Discurso del silencio, la partitura del ruido eterno usurpa.
¿Blogeo, luego existo?
Llega un momento, a cada uno el suyo, en que nos damos cuenta de que las cosas pueden torcerse, tienden a torcerse o, incluso, nacen todas ellas torcidas. Es el precio de convertirse en mago, conocer ya el truco, deja de tener gracia lo que otros aplauden y quizá admiren. Hacer protagonista del tedio al alprazolam, más fiable que la conversación para alcanzar el sueño, menos peligroso que el alcohol para rencontrar el norte, una brújula en el desierto de la ansiedad, el oasis de alcanzar un nuevo día en el que volver a nadar a contracorriente en un continuo ahogo. La complejidad de la vida, un Tetris de decisiones que encajar, la lluvia de un código binario, la constante genética que encadena a todos los no muertos con el antes y el después. El miedo a la muerte, a no tener más consciencia de nosotros y de lo demás, por qué temer aquello que no conoceremos, si ya no hemos conocido y si ya tratamos de no conocer. Poco sabemos, apenas el apego por la acumulación organizada celular de nuestro ego, qué distinto a cada minuto que pasa. Tratar de reconocerse en las fotos antiguas, con el borrón que supone la acumulación de malentendidos en el lapso transcurrido. Todo son malas interpretaciones, desenfoque del punto de vista. Aspiramos poder entender y en el empeño ganamos el derecho a equivocarnos, una constante que nos acompañará por siempre que tengamos la capacidad de sentir y escoger. Deformar la realidad, o formar la inexistencia de la realidad en cada paso que damos en esta coreografía de sordomudos. Algunos se preocupan por su reputación, por dejar un legado con las menos manchas posibles en el currículum. Al final todo adquiere la solemnidad de lo trivial, de un cotilleo en el lava cabezas de una peluquería, a eso se reducirá el epitafio. Ahí va el mío:
Sufrí inútilmente, como se supone que debe ser, inútil. Reí pocas veces, pero merecieron la pena, por mucha que esta fuera. Quise a algunos, no lo suficiente como para ser un héroe anónimo, el apego a las costumbres, el miedo al cambio, que tendrá lugar de todas formas. Fingí burlarme de mis contradicciones, apenas aprendí a no luchar contra ellas. Traté de ser inocente todo lo que pude, que fue poco. Soy culpable de dejar que la vida siga su curso, qué otra cosa se puede tratar de hacer. No vi la mística en la virtud, sólo juré el sacramento de la tristeza, el pecado de no creer lo que los demás consideran como tal. Descubrí que el amor es lo que te ata para siempre, que te propondrá una partida con el dolor hasta el final, pero que esas lágrimas te enseñarán la belleza de lo transitorio, de la huella que marca la sombra que dejamos atrás. La receta de la soledad contra la compañía. El consuelo de la música, el morse de los sensibles. La perplejidad que provoca la auténtica paranoia de los normales. No he sido gran cosa, si es que alguien puede jactarse de haberlo sido, acaso por ser citado en los libros de historia. Reconozco un gran hombre como aquel que siendo un cobarde es capaz de levantarse un día más para volver a caerse otra vez en medio de nada.
Me pediste ahora. Te pedí que me esperaras. Tú querías ajustar las cuentas con la vida apoyándote en mi inseguridad. Yo necesitaba respirar gas fuera del horno en que me gratinaba. Esperabas poder centrar tu desconfianza en alguien que te fallaría con seguridad. Pretendía yo pensar que perdiendo el norte en soledad descubriría la carretera equivocada. Supusiste que una mentira era un motivo tan bueno como cualquier otro para construir tu verdad. Intuía que siempre te desearía más desde la lejanía. Siempre supiste que todo cambio precisa de no renunciar a trastocar los planes del destino. Trataba de comprender la distancia precisa que debía tomar de mí mismo. Una canción te bastó para soportar lo que desde niña encontraste en tu interior. Un cigarro me dijo que necesitaba unos cuantos más. Tu adicción a sufrir el hundimiento te enseñó a naufragar. Achicar la alegría de comprender me mantuvo a flote. Reconociste a tu media naranja en el espejo. Yo me interpreté con una botella vacía en la mano. Sólo coincidimos una noche, tu trabajando, yo soñando. Esa fue nuestra isla desierta, de ti y de mí. La llevo donde voy, en el bolsillo de mi desesperación.
¿Qué quieres que te diga? Estoy un poco hasta los huevos de tanto supuesto talento. Me gustaría más voluntad, más terquedad, más simpleza. A fin de cuentas la inteligencia conlleva la soledad, con la severidad que esto supone, saberte parte del fenómeno conciencia-objeto, como fin en si mismo y carente de romanticismo intrínseco. Un mero mecanismo causal que encadena la voluntad, su representación, las ondas de distinta intensidad que chocan entre si y forman las percepciones concéntricas pero asimétricas de una realidad inexistente, con un significado aparente pero cuya metafísica está velada para los contemporáneos.
Luz en la ventana de enfrente, las cortinas entreabiertas y la joven pareja recién regresada de la jornada de trabajo se despoja de los complejos acumulados en el día, él apura un cigarro acodado en el marco, mirando la vida pasar, preparándose para rebobinar sus experiencias con el sueño y poder empezar otra vez, una mañana más.
En una calle cualquiera de la ciudad un mendigo acomoda las cajas de cartón que harán las veces de colchón en la improvisada suite que ha preparado en la sala del cajero automático de una entidad financiera. Quién iba a pensar que los bancos iban a ser el refugio de los desahuciados. Dejad que los pobres se acerquen a mí. Da un trago al tetra de vino barato que ha comprado en la tienda de conveniencia de una gran compañía que anuncia el inicio de las estaciones entre sonrisas de famosos. Su madre le enseñó de niño a no acostarse con el estómago vacío. El aprendió a cambiar la leche por el agua de fuego. Recuerda cuando alguien le besaba antes de acostarse y le deseaba felices sueños. ¿Dónde estará ya, para qué tanto esfuerzo de ella? La ilusión de su madre, el esfuerzo de su padre, madrugar todos los días con el cansancio acumulado del trabajo físico de toda una vida.
Una chica entra en la oficina en su primer día de trabajo. Está segura de que nadie notará su inseguridad, acompañando con movimientos asertivos de su cabeza todo lo que le pidan, por ajeno que pueda resultar a su entendimiento. Una nueva vida empieza, la posibilidad de independizarse de la niña que siempre será a los ojos de su familia. Tengo que hacerlo bien, esta vez nada puede fallar, todo depende de mí.
Sentado en un sillón de la sala de urgencias de un hospital se resiste a aceptar el diagnóstico que le han dado tres médicos distintos. No puede ser que me queden tres meses de vida. Si fuese cierto estaría en una cama del centro, no me habrían dicho que hay saturación de casos. No puede ser. Si fuera verdad serían más considerados conmigo, supongo, una especialista en situaciones traumáticas estaría ayudándome a llevar el trance. ¿Es que acaso no sería importante mi situación? Mi muerte, mi desaparición, el fin de todo.
Él se siente minúsculo en la inmensidad del patio de recreo. Todos los demás niños le parecen extraños que no pertenecen a su mundo imaginario. En una esquina dibuja sobre el suelo con una piedra. Trata de adaptarse a los cambios, pero su cuerpo se resiste a entender por qué su universo gira de otra manera y en qué ha fallado para que el sol ya no salga por el mismo lugar todos los días. Es su secreto, al que aplica toda su atención, por más que los adultos le requieran concentración en las tareas del día a día.
En la tele un señor trajeado y con barba, que habla como si tuviera fideos en la boca, dice que hay que ser austeros para recuperar el consumo. Yo pienso que si esto no se está consumiendo a marchas forzadas que venga Schopenhauer y nos lo diga. En la radio resucitan el éxito de un septuagenario intérprete que amenaza con una gira mundial en silla de ruedas. Unos que vienen otros que se van. La vida sigue igual.
La consciencia es el recuerdo de un sueño a este lado de la muerte, del intervalo en que transitamos por el pasillo circular que nos devuelve a la nada, volviendo a cruzar la puerta que dejamos entreabierta al nacer, dejando en el camino partes de nosotros que van formando, en su acumulación, la epidermis a través de la que supurará la historia de la humanidad, como parte infinitesimal de un todo.
http://www.youtube.com/watch?v=VSfU7jg5GJw
Se siente invisible. Invisible como el aire que todo llena y rodea. Inútil como el viento ante una vela rasgada que no ofrece resistencia. Viento que eriza cuando coge por sorpresa una piel caliente. Que presagia la acción con anticipación, como la música en una película. La portada de cartón de un vinilo en la era digital. La metafísica de lo que somos, nuestro cuerpo, el foso que con ineficacia protege el castillo del pensamiento. La soledad del payaso al que la naturaleza ha dotado de todas las habilidades para una existencia superflua y simplona. La historia de una vida hecha jirones que augura un futuro de costurero amateur, remendando los trozos de un clínex que no hay por dónde coger. La esperanza instalada en el cajón de objetos perdidos, la fe remontando la salida del agujero que le aúpe a la siguiente caída. Apóstol de la derrota, el fracaso se acomodó a sus anchas en la cabeza para desde allí impartir clases magistrales de la materia. Coleccionista obsesivo de chinas en el zapato, zahorí de piedras en las que volver a tropezar. Traficante de ansiedades, camello de frases pretenciosas. Desvirgado por la vida al ejercer de funámbulo sobre alambre de espino. Todo el pecado y el vacío en la mirada. Ávido en proponer grandes planes nunca llevados a término, mediocre guionista del gatopardismo. Defecando versos de corta y pega aspira a degustar el sabor de su vómito. Nada que hacer, el virus del nada conduce a nada corre por sus venas.
Alcé la vista y vi a un viejo semicatatónico sentado en una silla de ruedas que se deja llevar por el impulso y empuje de una joven americana.
El consumo es el pegamento, lo que deja unidas a las personas a eso que llamamos sociedad, que nos paga unos sueldos con la pretensión de que no los ahorremos, ya que si alcanzásemos un capital que nos permitiese vivir al margen de ella podríamos salirnos del sistema. Ahí también están los impuestos, que es un consumo obligado, por ley, de nuestros recursos, para que la red del supuesto bienestar siga creciendo, la rueda rodando, y los ricos de verdad enriqueciendo su fortuna.
http://www.youtube.com/watch?v=H0kJLW2EwMg&ob=av3e
¡Cómo grita el pensamiento!
¡Cómo corre la exuberancia de la vida hacia el hoyo!
¡Cómo engaña la verdad!
¿Cómo sé que es el norte y no al revés?
¡Cómo vende la pobreza hoy!
¡Qué confundido estaba el esperma!
¡Cuánto ríe la desdicha hoy!
¡Cómo callan los corderos!
¡Cuánto cuerdo suelto!
¡Qué pocos locos dirigiendo! Ellos, los que cambian las cosas.
¡Cuánto libro esperando su lectura!
http://www.youtube.com/watch?v=82JZh3VyE2M
En su día había dispuesto de un despacho de trabajo amplio y luminoso.
Ahora se había desplazado para siempre a probar suerte en un sitio lejano, que posiblemente sería el primer paso hacia otros lugares más distantes aún.
La computadora de su primer puesto de trabajo fue trasladada por sus antiguos compañeros a un rincón oscuro y pequeño donde no molestase.
De vez en cuando el emigrante se conectaba a ella por control remoto, tal era su relación con el pasado. Se convirtió, este, en el lugar al que mandaba dinero con regularidad desde el futuro por el que pasearía.
Quién sabe en qué lugar será, pagarás hasta la muerte.
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La forma óptima para disfrutar de la vida es pensar en la muerte y preparar tu consciencia ante su inminente llegada -sí inminente, piénsalo-.
Si alguna vez has sentido el amor por tu pareja y por circunstancias de la vida, su compañía tiene fecha de caducidad conocida por ambos, sabrás que lo vivido y experimentado, a sabiendas de su condición póstuma, tiene el sabor excitado y desesperado, por lo vívido, de lo premortem.
Si ves con frecuencia a tus hijos, disfrutando perplejo su constante descubrir, queriendo abrigarlos del futuro con tu presencia, que sabes ya que será pretérita en breve, aprenderás a quererlos de otra manera, distinguiendo lo importante, el amor, y sonreirás por la suerte de estar experimentando en ese preciso momento lo que no volverá.
http://www.youtube.com/watch?v=K8cY629BRJM
Duró lo que un suspiro tarda en ser lágrima cuesta abajo, sólo la muerte es eterna. El escondite del malvivir huele a alcohol, las secuelas del botox sobre la infancia. Buscando el amor propio en lo ajeno, se apropió de lo que no era suyo, ladrón. La máquina fotocopiadora del inconsciente, el papel de calco de la herencia genética, recuerdos borrosos, fotos veladas. La escritura es el micrófono del alma, de su estado sin fronteras. El viaje en la galaxia del espermatozoide que fue big bang. Determinados por la casualidad, quién nos pidió permiso para ponernos aquí. Llenando el hueco vacío sin ganas de compartir lo que queda cuando no hay nadie, esa novia que nunca te abandona. Ganando a pulso el desprestigio, aspirando a ser entrenador de perdedores. La vida no son dibujos animados, acaso un borrón. Laberintos de compañía que desembocan en soledad.

Hoy, ayer, que más da. Mi calavera de piedra conserva el calor de tu tarde de sol, será el reposo de tu ejército de escarcha, el candil para la vela que mostrará la oscuridad, lágrimas arropadas bajo mis párpados. Serás vapor que viajará a quién sabe dónde, en qué lugar lloverás. Ya por siempre sin paraguas, por vivir sin mojarse.

Sus actos sufrían de un retranqueo emocional. Redactó el testamento dejando heredero de su tristeza al hueco que dejará en deuda con la sombra que escondía los momentos eternos. La simbiosis con la que vivió su doble personalidad, la una en nómina de la otra, contribuyó a descalzar sobre brasas heladas sus pies de faquir del maratón. Terrones de alprazolam en el café solo, apósitos de vinagre para la conjuntivitis, descarrilando el vómito en la vía equivocada.
Me engañaste con mi gemelo bipolar, el amor duró lo que dejó de sonar la canción de la esquizofrenia. ¿Cómo puedes saborear con todas esas lágrimas en los ojos?
Cronista de la tristeza, locutor del soliloquio, terapeuta de la soledad.
Acomodado en la compañía, furtivo de la legalidad, monógamo por omisión.
Hiperactivo de la vagancia, inventor de lo obvio, escultor con el gas.
Superlativo en el derroche, ahorrador de deudas, filántropo del desencanto.
Paraguas en la lluvia de estrellas, manguera en el pecio, guionista de un pintor.
Música en braille, amor por horas, placebo del desamor.
Acuarela en el agua, cerilla mojada, viajero sin destino.
Futuro inevitable, escarcha pasajera, coreografía de un suspiro.
Fotograma de un silencio, estampida de un susurro, escondite del miedo, soledad.
Armadura de un vacío, anatomía de un eco, dislexia emocional.
Desguace de esperanzas, empatía en la violencia, final del callejón.
Atracador de amantes, arpa de cuchillas, vestido transparente.
Fogata en el iglú, cristal de la pecera, tú cuando soy yo.
Hermano de un hijo único, padre desconocido, madre de alquiler.
Enviado desde mi iPhone
No es la economía, es la sociedad.
El botellón es el futuro.
Privado de lo privado, internet.
Se acostaron burgueses, despertaron parias.
Consumían porque eran mortales.
El poder fomentó las redes sociales de internet, su rebaño.
Con la economía infundieron el miedo.
Ignorando a las masas descubrió que despertaba al día siguiente.
En cualquier lugar hay un universo.
La ignorancia es infinita, pasearla entretiene en la vacuidad.
Al indigente no le preocupa el copago.
La sociedad debe abandonar el miedo y descubrir que sólo importa vivir.
Se puede no comprar y compartir.
Las fronteras sólo existen en los mapas.
Los pájaros no tienen pasaporte.
Los pájaros son seres vivos, las personas también.
No hay que amar, compartir es suficiente. Terminemos con el paro. Hay casas y comida para todos. Así de sencillo. Dejaos de complicarlo.
La innovación es compartir por obligación, eso terminará el problema.
Devuelve el favor, pero no necesariamente a quien te lo dio.
Creemos bancos de favores, pero sin el banco.
Los ricos no tienen nada, es mera fiducia, convención, si cambia el paradigma no tienen nada, sólo apuntes contables en un sistema informático. Si la riqueza es compartir su negocio se desmoronará. Que no os engañen, se puede hacer. Organizaos en comunidades pequeñas, pronto se os unirán otros. Renunciad al mundo que os han incrustado en el cerebro desde niños. Sólo vivir interesa, vais a morir igual, ricos o pobres, pero el futuro depende de lo que sembréis ahora. Ocupad los pueblos abandonados, abandonad las ciudades. En la naturaleza tenéis lo que necesitáis. Otra vida es posible. No queréis que vuestros hijos sean el botellón. No tienen que emigrar. Sólo tenéis que cubrir vuestras necesidades, comer y descansar, cuando estéis rehabilitados del sistema social que os inocularon seréis capaces de disfrutar conscientemente de la vida. Entonces podréis crear una sociedad útil y respetuosa con la naturaleza. Romped el engaño ya. Que los bancos se queden con las hipotecas, los ricos con las deudas. ¿Quién depende de quién? Si no estáis en el mercado a quién van a vender sus productos, a quién explotar en los trabajos, a quién legislar en los parlamentos. No los necesitáis, ignoradlos, sin violencia, tenéis la libertad para hacerlo. Cread un nuevo orden, sin jerarquías, sólo compartir para cubrir las necesidades. Descubrid lo que realmente importa. Mirad en vuestro interior, todos encontrareis lo mismo.
Quedaba una semana por delante. Ese era el plazo sin posibilidad de prórroga. La emoción desbocada de tristeza que provocaba la falta de control sobre tal circunstancia hizo que inventase mil historias que le justificaran de manera mezquina y vívida que mejor no esperar siete días, mejor simular una pataleta que sirviera de coartada a tomar el atajo del odio para subirse a la noria del olvido.
Pero el recuerdo a veces juega malas pasadas así que la resistencia interior se amotinó erigiendo un panteón al que llevar flores marchitas cada diecinueve de agosto y cuatro días antes, a comprar pan fresco para las palomas por la mañana y a invitar a cenar sopa al amigo imaginario que un día descubriste en la penumbra de la esquizofrenia.
No se puede planificar la locura, acaso se permite anotar en una agenda los sinsentidos de cada borrachera, agujeros en la pared después de desclavar cada cuadro de la patología. Horadar el ataúd que es la piel en la que muero poco a poco envenenándome con la vida inoculada, boquetes por los que filtrar los posos sobrantes de las relaciones. Restos que han salido al exterior, inmigrantes de lo propio, expatriados al pasado desde la virtualidad de las posibilidades desaprovechadas. Cartas sin remitente ni destinatario, náufragos en el desierto, un forzudo de circo sin la fuerza de la gravedad que en el espacio va dejando una estela del fuego que supura su propio infierno.
Todo pasó muy rápido, no hubo tiempo para reflexionar. Lo que en su día fue símbolo de soledad vanidosa sufrió una explosión en sus cimientos de meditación low cost.
El cartero cibernético dejo de visitar el buzón de la esperanza, instalando en su lugar una actualización forzosa de software viral.
Los celos ubicaron la profundidad de los sentimientos recíprocos en su sitio, equidistantes y lejanos del epicentro sísmico inicial.
Redescubierto el punto débil, el tiempo y las manías hicieron el resto, despojar del disfraz primaveral al muñeco de nieve sin expresión.
Después de todo el tiempo perdido tratando de avanzar, gastando sus fuerzas contracorriente, creció lo bastante para tocar ambos extremos con los dedos de manos y pies. Estaba en una bañera. El jabón en vez de limpiar hacía que todo, en general, resbalase. La piel arrugada de tanto bajo el agua, pronto empezaría a pudrir. La vista borrosa, las formas desfiguradas, como cuando miras a través de un vaso con líquido, distinta dimensión para la misma perspectiva, una lente la diferencia. Las burbujas saliendo de las fosas y de entre los dientes, separados estos lo bastante para dejar escapar el aire. Al subir estas, dan un ambiente festivo al paisaje, espumoso sin alcohol. Los sonidos cacofonías desdibujando el mensaje inicial, ecos guturales viajeros de otro universo paralelo pero desacompasado en el tiempo.
Resulta más sencillo, lo contrario, pero con el paso del tiempo algunos consiguen no recurrir al odio para superar el torrente de reproches descubiertos tras una pérdida. El museo de la tristeza en que se convierte la cabeza de uno con el paso de los años, la miserable colección de obras de arte expuestas a tu propia consciencia y para su exhibición en sesiones temáticas al público, que asiste atónito con cierto espíritu de empatía y de recuerdo de experiencias espectrales.
Todo lo que no quería recordar lo echaba a su espalda, acumulándose capas de grasa que brotaban en espinillas imposibles de alcanzar y, dada su existencia solitaria, nadie tampoco ayudaría a expulsar.
No se atrevían a bromear sobre la muerte, así que encontró un filón en el que concentrar sus dardos de sátiro descreído, dada su profunda disconformidad con respecto a la institución, sobre la que civilizaciones enteras habían construido todo un cuerpo doctrinal de creencias esotéricas. Incluso encendían velas y coreaban soliloquios ante los fenecidos, creyéndose los más desafortunados ante la pérdida cuando, en realidad, el único que debería sentirse agraviado es quien ya no puede hacerlo dada su condición inerte.
En la infancia van incubando la esquizofrenia que de adultos tratarán de disimular en matrimonios, familias, amistades, trabajos, reuniones sociales y, en especial, en la cama antes de conciliar el sueño perplejos por el devenir de los acontecimientos de su propia historia.
Porque pocos reconocen lo precario del significado de la existencia como seres pseudo conscientes, la tumultuosa y congregada soledad de nuestro pensamiento convertido, o no, en actos que trascienden, o no, a los demás, y en definitiva nunca.
La gracia de escribir consiste principalmente en que ayuda a olvidar. Una suerte de defecar, el papel la metáfora del retrete, la publicación la cisterna. El proceso digestivo. Es necesario para que las ideas no se atasquen en el interior y provoquen el colapso del flujo cognitivo, tan estreñido este, tan anoréxico, hasta las estúpidas máquinas saben que no hay que preocuparse acerca de la trigonometría del misterio.
El arte, el intento de fuga de esta vida para trascender su frugalidad, de atrapar algo que sirva de alimento universal al ansia de infinitud, fotograma de un orgasmo, epilepsia de la pereza de un niño en la noche de reyes.
Negra como sus pensamientos más sinceros, su verdadera profesión salía de adentro hacia afuera con natural fluidez, como el agua de la picha de un querubín eunuco hecho estatua en la fuente de los desechos. La esquizofrenia artística, esa lucidez bipolar que le desquiciaba pero que era su único tesoro, lo que le enorgullecía y le convocaba al podio de los diferentes, de los pedantes inseguros aferrados a la nostalgia, una suerte de locura lúcida, de crupier que da juego en su camisa de fuerza. Las veteranas del lugar sabían cómo tratarlo, o lo que es lo mismo, como no tratarlo, dejarlo estar, con su pluma digital, quizá metáfora de algo sepultado en el escondite de la cabeza de un avestruz Drag, alzado sobre tacones místicos, los que te elevan a una dimensión de caspa esotérica. Un fornicador de biblioteca, en eso se había convertido.
Había depilado hacía una semana su cabeza, así que cuanto más pensaba más rascaba y escocía alrededor. Sentía un vacío, una constancia en el resultado del quehacer diario, en su devenir, en lo que este depara, con el gusto pastoso de la sequedad en las babas, las escamas de la lengua agrietadas al rasgar el paladar en una tarde de resaca, en el espantoso recuerdo del consabido otra vez. La decepción.
No por conocida menos sorpresiva. No por reaccionaria menos bohemia, Por paradójico que pueda parecer, su constancia en aparecer de manera indefectible no transformaba su espíritu ácrata, su servil nihilismo, su espiritualidad de perfil bajo. La cadencia volátil con la que aparecía le daba una sensación de un dos tres escondite inglés, de paloma blanca paloma negra, de las cuatro esquinitas. Una renovada sensación de estética pueril, o quizá todo lo contrario, un sueño desvencijado de pasión y emoción, un puré entre naif y kitsch.
La composición artística del asunto consistía principalmente en escoger el politono del móvil apropiado para la personalidad de cada potencial interlocutor. Toda una infinidad de sonidos a la espera de copular en una llamada de teléfono con mensaje subliminal implícito ¿Dónde estas?
El principal descaro consistía en rozar los codos en un ascensor, rebuscando la nada dentro del bolso, una mera excusa que permitiera el contacto físico entre tanta ciber red social.
Veía las cosas con tal claridad que se dio cuenta de que tenía que estar loco, la gente tenía razón respecto a esto. Que demonios, a fin de cuentas eso era su orgullo, por lo que merecía la pena levantarse cada mañana, forjar día a día su locura. Su evanescente cordura, su sólida locura, la efervescencia de sus pensamientos, burbujas que suben al disolverse en compañía.
Merece la pena vivir enganchado a los cascos de música, sólo así vas viviendo tu propia película, con banda sonora en directo, coetánea de tus sentimientos, remando en ellos, la música, llevándolos de aquí para allá, decidiendo los unos y la otra al alimón para dónde tirar, hasta cuándo la banda tocando en el escenario, para cuándo el último compás, en el que abriendo los ojos de sopetón pero sin miedo percibas que han venido a llevarte, esperando tener tiempo de guiñar un ojo y poder decir, Chisss...pónnn, eso es todo amigos...

http://www.youtube.com/watch?v=SUCDyTZsbuEEstaba convencido, había tomado la decisión de marchar con su amada. Se despertó con un pensamiento fijo y claro como la luz de la mañana que entraba por la ventana. Iba a decirle que deja su vida y la acompaña. Empezó un ademán de levantarse de la cama pero algo extraño ocurrió, una sensación difícil de definir, no por supuesta, sino por no experimentada en ese grado hasta entonces, acaso rumores del preludio de un futuro en constante espera a la puerta de la entrada del presente.
Se mira las manos y están llenas de lunares y arrugadas, le duele el cuerpo al incorporarse, trata de hacer una imitación de lo que debería ser correr en dirección al espejo y ve el rostro de un anciano reflejado. Pasan los minutos en medio de la afasia mental que le atraviesa el córtex y parece interpretar lo que siente y ve. Se va dando cuenta de que es un viejo.
La ansiedad convertida en puente entre dos orillas, el provecto estado físico que ha descubierto y el deseo de cumplir la decisión con la que se acostó la noche anterior y que renació con más fuerza en el momento en que los párpados empezaron a desperezarse. A trompicones consiguió ver la fecha impresa en un periódico que tenía sobre la mesita de noche. Veintinueve de octubre de dos mil treinta y uno. En apariencia y de manera inexplicable el tiempo había pasado.
Salió de su habitación y vio a un varón adulto que extrañamente le resultaba familiar. Resultó ser su hijo mayor. Este le explicó que sus otros hijos hacía tiempo que no se relacionaban con él, que no le trataban. No quiso entrar en detalles.
El ahora viejo trató de explicarle la conmoción por la que estaba pasando, la incredulidad de haber despertado siendo o suponiendo que era su yo del futuro, que le había sido extirpado un periodo de dos décadas, justo las que habrían de haber cambiado su vida para mejor, las que deberían haber servido para dejar atrás un pasado inerte, etéreo.
Su hijo le dijo que esos años sí transcurrieron de verdad, pero que no merecía la pena revivirlos ahora en el recuerdo. Otra vez no quiso entrar en detalles. Trató de explicarle que estaba enfermo y por eso no recordaba, pero que no le pidiese el relato de lo ocurrido.
El viejo hizo un simulacro de lo que se supone una reflexión. Ahora ya no se trata de morir de pena, pues siempre subyace la idea de que las cosas pueden ser cambiadas y hay cierto gusto en autocompadecerse cuando crees que todavía tienes el control para cambiar el destino, que todavía hay tiempo para enderezar el rumbo. Ese periodo había pasado, volado, como humo escalando hacia las nubes.
En ese momento, en medio del desconcierto comprendió. Abrazó y besó a su hijo y le pidió estar solo para tranquilizarse. Se despidió de él con la mirada. El hijo, réplica del padre, entendió.
Adiós papa.
Ya solo, se dio cuenta que vivió gran parte de su vida triste sin un motivo aparente, sólo por el desencanto de las expectativas imaginadas que la existencia le proveía, menguadas con la experiencia, que es la práctica del futuro, la cancha donde se juega ese partido de los distintos escenarios previsibles, una especie de soledad ambigua, de sentirse grano de arena en el desierto. En un momento de su vida, en concreto la noche anterior, descubrió lo que era la tristeza con un motivo concreto, la pérdida y todo lo que ella conlleva, había creado un tótem protector contra la falsa felicidad. Ahora por la mañana, al despertar, ya no había tristeza, su sitio lo ocupó el vacío absoluto, la antesala de la muerte.
Una hora más tarde apago el último cigarro que le quedaba, se dirigió al balcón y saltó.

-No sé si tiene sentido seguir con esto.
-¿A qué te refieres?
-A lo nuestro.
-¿Por qué me dices eso?
-Porque los dos sabemos que lo nuestro tiene una fecha determinada de final. Cuando tú te marches dentro de un mes yo seguiré aquí. Todo el tiempo que pasemos juntos hasta entonces, toda la felicidad que vivamos estará cavando la fosa más grande día a día, en la que se acumulará el dolor que estamos incubando ahora. ¿Por qué no te estás quieta y me contestas algo? Creo que teníamos que tener está conversación antes o después.
-Sólo es que no me esperaba que vinieses hoy y me dijeras que quieres que lo nuestro termine. No estaba preparada para esto.
-No te confundas. No he dicho que quiera que se termine. Los dos sabemos que esto se terminará, ahora o dentro de un mes con tu partida. Lo que te estoy diciendo, lo que necesito saber es si estoy haciendo el gilipoyas.
-No te entiendo.
-Tengo la necesidad de estar seguro de que si te sigo queriendo de esta manera, si el día que te marches podré morir de tristeza, como intuyo que ocurrirá, si ese día y los siguientes tú estarás lo mismo de jodida que yo. Solo necesito saber que el día que te marches, tú morirás también. Sólo así puedo seguir en esta relación suicida, sólo si tengo la certeza de qué tú lo sentirás así también y que lo entiendes ahora y que conscientemente lo aceptes.
-Yo moriré también.
-Luego los dos somos conscientes y decidimos vivir el mes que nos queda juntos para que nos sea arrancado el corazón.
-Sé que lo nuestro es imposible, pero te amo, sé que esto es kamikaze pero ya he subido al avión y no controlo los mandos, se me ha ido y ya no depende de mí. Sé que el dolor me matará pero ya no puedo evitar lo que el destino me guarda. No es cuestión de haberlo decidido o no, esto me ha atrapado, me ha cazado por sorpresa, se coló por una rendija escondida en mis defensas. En este caso la voluntad es ajena a la decisión, está no llegó a existir, la alucinación que ha provocado lo que me has inoculado me tiene adicta y los dos sabemos ahora, no antes, a dónde lleva este sentimiento. No digamos adiós ninguno de los dos, no ahora. A pesar de conocer lo que pasará dentro de treinta días, no quiero pasar ninguno de ellos sin ti.
-Quizá por eso nos amemos, porque no hay futuro.

http://www.youtube.com/watch?v=52jkbJrTwBw
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El que sobrevive está acostumbrado al desarraigo y a la tristeza, a vivir el viaje ligero de equipaje, dispuesto para la huida, tratando de ser rehén sólo de sus recuerdos, secuestrado por su desencanto crónico, su alegre depresión, su amiga y compañera fiel, la desazón.
¿Cómo eres capaz de hacer una promesa? ¿Acaso conoces el futuro? ¿Sabes cuáles serán tus reacciones ante lo que quiera que se nos presente? Prometer lleva implícita la mentira, está preñado de ella, no puedes dar lo que no conoces y no conoces tu yo mañana, ni el de los demás. Guarda las promesas en tu interior, mantenlas en el anonimato para los otros, sólo a ti te conciernen. Son tus secretos y al olvidarlos nada más te habrás engañado a ti mismo.
No existen cuentos de hadas. Se pueden vivir intensas historias breves, pero se envejece a solas. Sólo la muerte es para siempre. Los buenos recuerdos lo son porque los visitas a tu antojo y los dejas parciales. Las buenas historias lo son porque las cortas antes de que cambien su curso. Ese es el trato, así es como funciona.
Los recuerdos son el envoltorio de la realidad, lo que queda después de consumir la experiencia, el pasado es donde van a parar todos los de una vida, es el cubo de basura de las vivencias, su último residuo espectral. La vida es para la acción, no para el recuerdo, sólo compensa manteniendo en funcionamiento el mecanismo que enlaza movimiento tras movimiento. Una vida contemplativa no es diferente a las páginas de un libro, inertes ellas, a las que se les atribuyen la capacidad de esconder tesoros en su universo bidimensional, lo que no es del todo incierto, siempre que sirvan de impulso a la acción, la que de verdad transforma el antes en el después con su aparición en el curso de lo que acontece.

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Lo que en realidad te hace mantener la esperanza, el deseo de algo mejor, soñar con crecer en lo bueno, es no tener cubiertas las necesidades, es la amenaza de sufrimiento, temer al enemigo. Cuando superas lo malo, cuando ves lo que la vida ofrece, es difícil no volverse loco ante la pequeñez de la existencia. De joven las posibilidades son tan extensas como el universo pueda abarcar, de mayor apenas eres una mota de polvo sobre la barra de un puticlub. Todo es marchitar desde un momento dado, la luz y el agua ya no valen de nada, sólo enfermedad y desconfianza, se pierde la capacidad de sorpresa, todo te suena, ya no se apuesta, se administran los ahorros, se trata de conservar, se sospecha de la mejor oportunidad que se presenta en tu vida, se presupone un tufillo a gato encerrado. Se observa con perplejidad la sinceridad de los jóvenes al ofrecer su propuesta sin ambages y, de manera indefectible, no coges el tren, se va sin ti, te quedas en la estación comiendo tu donut, y mirando la gente pasar, oyendo de soslayo conversaciones que vienen y van e inventando el curso en el que seguirán y, mientras, tu oportunidad alejándose, y tú creyéndote listo al haberla desechado, con los restos de sobras de tu existir, todas ellas en el cubo de la basura, envoltorios de comida rápida, compresas, uñas, desperdicios acumulados desde que empezaste a descreer. Cuánto cuesta ganar confianza en uno mismo y que pronto se pierde cuando empiezas a conocerte, sabes tus reacciones, dónde te llevarán, todo lo que desbaratarán. Para qué empezar algo pues, por qué no aletargarse en preludio del sueño final, para qué causar más dolor, si todo terminará rompiendo, todo se irá por el desagüe. Por eso prefieres el remedo de la lectura, de la escritura, del arte, de todo aquello que es imitación de la vida de acción, de lo que en realidad cuenta, lo que deja huella, lo que embarra los zapatos, lo que mancha las manos, lo que recordarás y recordarán, para bien o para mal, pero que habrá contribuido a que el mundo se mueva, que cambie, todo el amor y todo el odio, la caricia y el golpe. De joven crees estar seguro de lo que quieres, cuando creces das gracias de saber a medias lo que no quieres. Esta difusa imprecisión en los objetivos que la madurez va sedimentando en tu espalda hace que veas el futuro como una frutería a punto de cerrar, con el género sobrante estropeado, acaso es esto por lo que no ofreces a nadie que lo pruebe, porque sabes de su sabor rancio, de su indigestión, prefieres no mentir en eso, no al menos durante un periodo largo, el que dura tu propio engaño, el que dura el recreo para volver a tu caverna provecta, a tus manías, a colocar las cosas en los sitios en los que crees deben estar, para no tropezar con disgustos, para evitar sorpresas, sobresaltos, despistar los sentimientos, no permitir emocionarse. En definitiva, adiestrar a la amígdala a decidir siempre en el mismo sentido. Aversión al riesgo, aversión a vivir en plenitud. La madurez.
Aunque tú no lo sepas yo era el que dibujaba todos los días un corazón en el cristal empañado de tus sueños. El que desafinaba en la canción por la emoción de ver tu pelo ondear al caminar. El que necesitó respiración asistida la primera vez que compartimos aire en la habitación. El que cambiaba todos los días de disfraz por vergüenza a ser descubierto en su observar. El que sufrió amnesia de todo su pasado en el mismo momento en que tú me dirigiste la palabra. El ateo que vio reflejada su alma en tus ojos. El que firmó armisticio consigo mismo cuando tú me perdonaste la vida con un aliento. El que vio detenerse el universo cuando descubrió tu movimiento. El que dejo de visar el pasaporte en islas de sirenas. El que comprobó que su mano podía asir otra. El que salió corriendo detrás de su estómago cuando consentiste comer conmigo. Al que le cayeron todas las cartas escondidas en la manga cuando decidiste jugar. Al que se le velaron todas las fotos de sus ex cuando tú y yo aparecimos enmarcados en el mismo lugar. El mismo que estaba en el lugar y momento deseado el día en que decidiste bautizarme con tu pinta labios. El que no volvía a su hogar si tú no estabas en él, ya no era tal. El que sintió miedo a morir por si tú no estabas al otro lado. El que sintió ganas de vivir por poder existir un momento más en tu regazo.
Pues así, ¡pero todo al revés!

Cuando sientas vergüenza de tu pasado. Cuando no pidas explicaciones, cuando hables al callar. El día que lleves tatuada tu vida en la mirada.
Cuando te haya sido amputada la esperanza. Cuando uses una botella por muleta. Si has probado y no has decidido. Si gritaste socorro, si el perdón no te fue concedido. Si has alquilado tu amor. Si tu pasarela ha sido una barra de bar.
Cuando la mirada sólo se pare en el infinito. Cuando el horizonte esté más lejano. Cuando hayas oído lo que duele y saboreado lo amargo. Cuando jugar con fuego ya no te divierta.
Cuando ya no necesites correr en el infierno. Cuando mantengas la fe en que todo se joderá. Cuando sepas que decir te quiero no significa nada pero tampoco cuesta nada. Si ya no encuentras el sitio en que agujerear las venas. Si has escuchado ya la más triste canción. Si tienes el hígado como un colador y la pepita de oro no llegó a aparecer.
Cuando te despiertas tirado en el suelo entre vómitos y te das cuenta que algo no funciona. Cuando un amigo te ayuda y quien prometió hacerlo te da una patada en el culo, te das cuenta de cómo funciona.
Cuando ya has sido cenizas arrojadas al mar. Si ya viste al abuelo paseando al nieto, donde la espuma del mar salta más alto al batir con la roca. Después de recorrer las calles regalando besos, oyendo te quiero a deshora. Si sabes pasear sin rumbo, si entiendes de la soledad.
Cuando tu chaqueta esté gris de tanto poner, si los ojos ya han sangrado, si has apurado tu penúltima bala, si ya sabes que caer se parece a volar, si te llamó el brillo del lado oscuro y salvaje, si llegó el día de no creer. Cuando no recuerdes dónde dejaste los amigos, dónde te dejaron. Cuando hayas perdido la votación, cuando creas que no hay vuelta atrás.
Ese día y no otro, dame la mano y ayúdame a caminar. Ese día tendremos algo que contar, ese día serás mi chica y yo tu castigo.
La locura es la norma en lo humano, el arte su expresión.
El sentido común sólo es eso, común.
La cabeza que vive con intensidad alumbra mucha oscuridad interior.
Lo que te hace feliz ahora te hará infeliz mañana.
La felicidad de ahora será el dolor que vendrá.
Vivimos en la distracción global por no querer actuar.
La luz enseña que todo es oscuro alrededor.
La vida es una chispa entre dos nadas infinitas
La sociedad es una mascletá.
Se admira la obra del genio, se ignora su sufrimiento.
La mentira no es más falsa que la verdad.
Todos interpretamos sin datos un engaño.
El dictador adora la unanimidad
Trabajamos en lo que odiamos para comprar lo que no necesitamos.
El dinero sólo es papel, los libros dan más poder.
El conocimiento alumbra a la duda.
Comprender es asumir la ignorancia.
El amor es una trampa hormonal
La naturaleza es una apisonadora.
La sociedad actual es una selva sofisticada.
Vivir malas experiencias te enseña a apreciar las buenas en lo sencillo.
En el consumismo capitalista somos veraneantes de nuestras necesidades.
El deseo conduce al dolor.
En el dolor ejercitas la fortaleza.
Todo conduce a nada.
Prepárate para lo peor, aspira a lo mejor.
Nunca seremos capaces de comprar nuestra libertad.
La bondad está sobrevalorada.
La prudencia es para los indecisos.
La humildad es útil si te equivocas con frecuencia.
Las buenas maneras esconden a un autoritario.
El poder siempre está presente.
Ignora al que se cree poderoso.
Sólo hace algo el que lo intenta.
Un acierto nace de equivocaciones.
Las parejas son descartes de otros.
Nada es original, todo es copia.
Dudar da saber y dolor.
El verdadero amor está en el desamor.
Para la calma se necesita la tempestad.
Perdemos para poder buscar.
Sólo es feliz el que ha sufrido.
Solo hay camino si se quiere ir a algún sitio.
Hay perdón para que exista la culpa.
El cansancio llega después de descansar.
Gritamos para no ser escuchados.
Susurramos para grabar a fuego el mensaje.
Desesperamos por saber que no volverá lo que ni siquiera estuvo.
Saludamos lo que será un adiós.
El miedo me recuerda a mí.
El aire controlado puede ser música.
Vivimos en un sueño del pasado.
Recordamos el futuro.
Adivinamos el pasado.
El amor se transpira en compañía.
Todos ganamos en la distancia.
Los buenos recuerdos lo son con el tiempo.
La noche es el día en otra parte.
Respirar crea dependencia.
La tumba rehabilita.
La soledad es poderosa.
Los secretos gritan en el interior.
Conversamos para oír nuestra voz.
En poco tiempo molestamos.
Bailamos por no compartir el silencio.
Toda bienvenida nos dolerá.
Rezamos para no mirar adentro.
Lloramos porque deseamos la felicidad.
Nos despedimos apenas llegamos.
Corremos para no ver alrededor.
Dormimos para despertar de nuestra vigilia.
Inventamos lo que ya existe.
Nadamos para no caminar.
Descubrimos lo que ya estaba ahí.
Escuchamos lo que no debíamos haber oído.
Vamos en avión para no disfrutar del paisaje.
El coche no es un medio de transporte, es una prótesis de pene.
El prozac es la viagra del cerebro.
Nos drogamos para ser conscientes.
Nos emborrachamos para no ahogarnos.
Respirar te recuerda que estás vivo.
China es a fábrica como Occidente es a obesidad.
15m es a indignados como zapato es a ampolla
Peleamos para saber que sangramos.
Bostezamos porque un día no nos pareció todo aburrido.
Vemos con perplejidad a nuestros niños.
Escribimos para corregirnos.
Nos examinamos de nuestra ignorancia.
Buscamos la obviedad en la contradicción.
Desobedecemos por el premio de aspirar al castigo de saber.
Cantamos un rap asonante.
Hacemos música electrónica con una pandereta.
Tejemos lo que será un descosido.
Regamos las plantas en soledad.
Parecemos una coral de monólogos.
Discutimos lo pactado.
Coincidimos en el desacuerdo.
Escribimos por compulsión, vivimos por automatismo.
Llevamos sombrero en los pies.
Cambiamos por gusto a la inestabilidad.
Comprimimos el átomo con la poesía.
Condensamos el aire que exhalamos en los océanos.
Perdemos el oxígeno en lágrimas vicarías.
Desordenamos para no recordar.
Intuimos porque ya sabemos.
Morimos por nacer.
Un día decidió guardar una moneda por cada minuto perdido en la vida, por cada instante que dejara pasar sin aprovechar, sin permanecer en la búsqueda de un tesoro, el descubrimiento de una aventura, de una estrella fugaz en la noche, de la complicidad del compinche de correrías, sin sentir la empatía por lo que refleja el espejo no tapado por él, lo que rodea su contorno dibujado.
Así que se puso a esperar y a ahorrar, tiempo y tiempo, moneda tras moneda y se dio cuenta de que a pesar de que la vida es corta, de que nuestro lapso es apenas un pestañeo, un aleteo, no tenía dinero suficiente para pagar todas los segundos, minutos, horas, días y años que se iban acumulando, nadie dispone de él, ni el más rico, que lo tiene invertido en posesiones que no es capaz de disfrutar. Haciendo balance aprendió que si hacía dos montones, uno de monedas y otro de minutos perdidos, el primero apenas se alzaría, mientras que el otro subiría y subiría, se elevaría como un rascacielos, como una montaña y taparía el sol, dando sombra al montoncillo de monedas, dejando estas de brillar.
Una vez hecho el descubrimiento decidió disfrutar de lo efímero, de la belleza de lo que dura poco, de lo que sin remedio tiene fin, del arte de respirar, del hedonismo altruista, es decir, de todo, de la vida, convirtiendo una canción pop en una sinfonía, en una melodía encadenada, invirtiendo sus monedas, introduciéndolas en la gramola, echarlas en la fuente de otro y darse la mano en el mismo paisaje onírico, pasear por el mismo subcosciente, compartirlo, por jardines de promesas que al crecer se hacen realidad, saltar el muro, derribarlo, sumergirse y salir, acodarse juntos en la orilla para respirar y que el sol caliente sus caras, apostando por el tiempo de una posibilidad, el sueño de una expectativa, de mostrar que hay luz detrás de la oscuridad de las paredes, de la música estridente, de las focos que deslumbran y ciegan, del descanso de dormir confiado junto al reflejo complementario recién descubierto y que este se acostumbre a ello también, a darle las llaves de tu puerta o a no cerrarla, a entrar juntos con un candil a explorar los rincones interiores, a quitar las telarañas, a abrir ventanas para que entre el aire fresco, a cambiar la letra del tango, quince años no son nada, nada en el presente, lo único que existe es que ahora están, antes no y algún día tampoco, pero ahora sí.
Compartir un paraguas en este paseo, o no, mojarse bajo la lluvia, pero caminar.

Sueños de veraneante. Un goteo que desdibuja un cuadro de Dalí. Un estuario donde desembocan dos remedos, uno de los gipsy kings, otro de abba, el uno con su my way, los otros con su waterloo, surrealismo dentro del subconsciente, una risa encerrada en otra risa, una que envuelve a la otra y que se vuelve a desenvolver, papiroflexia en los lóbulos frontales, sampleados en el mar del sueño de tres niños.
Los humanos necesitan en qué creer. Muerto dios, las marcas multinacionales ocuparon su espacio. Los que antes encontraban seguridad con un rosario en la mano, la encuentran ahora en unas chanclas adidas. Los antes menesterosos de consuelo en la oración, se redimen en la compra compulsiva de abalorios para el collar de la vida. El perdón de la confesión está ya en el psicoanálisis de la pedicura.
La naturaleza y su voluntad de permanencia, de ubicuidad, de tender al infinito, en el presente -dimensión espacial- y en el futuro -dimensión temporal- El big bang crea la necesidad de crecer, de expansión, para ello usa trucos, que son leyes físicas y químicas. Nace la vida, y con ella las necesidades de los vivos. Deseamos atender nuestras necesidades.
Se crea una empresa con un producto que pretende cubrir una necesidad. Una vez cubierta, la empresa debe cubrir otras necesidades o crear deseos, inocular la creencia en el consumidor -el que consume, el que termina con la cosa- de que el producto hace falta en su vida, se crea la dependencia, el capitalismo es narcótico.
La naturaleza nos ha impuesto dependencias palmarias, respirar, comer, dormir, y dependencias sutiles, reproducción, disfrazadas estas tras el velo de pulsiones latentes.
La empresa quiere crecer más, para ello acude al crédito. Recibir un préstamo supone apostar que el proyecto financiado tendrá éxito y será capaz de devolver el capital. Se está anticipando el éxito futuro. Las empresas, y la sociedad, tratan de traer al momento actual el futuro que, previamente, todos han pensado que será favorable. Si las expectativas se cumplen la empresa demandará más recursos, préstamos, para financiar su crecimiento. Si la predicción fue errónea, la empresa no podrá devolver el dinero recibido. Si ella no es capaz alguien tendrá que hacerlo. Se pedirá a las empresas que acertaron en sus previsiones que paguen por los perdedores. De esta forma, el futuro previsto por estas últimas, en el que acertaron en prever, se volverá erróneo. Deberán financiar su crecimiento y las pérdidas de las empresas que erraron en la previsión. Ello supone la caída del modelo por el lado de la oferta.
Entre tanto, para conseguir mantener el sistema, la sociedad, estados, naciones, políticos, empresas, ciudadanos, etc., seguirán tendencias de consumo, se crearán nuevas necesidades, se modificarán las preexistentes, nos moveremos como un banco de peces.
Parte del crecimiento, en sociedades occidentales maduras del tipo europeo occidental o estadounidense, se basan en la incorporación al consumo de nuevos sujetos, también en la constante repetición en este por los individuos ya existentes. No obstante, cuando se producen los desequilibrios de empresas fallidas que no pueden devolver sus préstamos por la predicción errónea del futuro, se producen bajas masivas de sujetos consumidores. En paralelo, en estas sociedades se descubre la trampa de la naturaleza de la supervivencia vía reproducción. Sí se puede tener el placer que incita a la reproducción sin las cargas que para el individuo esta supone, además la cultura lleva inequívocamente a una concepción nihilista de la vida, sin supercherías religiosas, siguiendo el mismo modelo de supervivencia que utilizan las empresas, disfrutar ahora lo que pertenece al futuro, piensa en ti mismo y no en las generaciones venideras. Todo ello implica la ruptura del modelo por el lado de la demanda.
Tendemos hacia un mundo de comodities, el que sepa explotarlos, en su justa medida, vencerá. En el fondo, la vida es un comodity

http://www.youtube.com/watch?v=qZD5f0qsT3s
Caminar las aceras, la elección de calles por las que discurrir se asemeja a las decisiones en las que hemos optado en la vida. Ese nacer de la apertura de comercios, paños limpiando el polvo sobre mostradores. La mujer que se agacha y muestra a los ojos del que observa, del que abarca, su planta del pie al despegarse del zueco estival. Las miradas de los turistas, despistadas, atropelladas, desencantadas. Pinceladas que una sobre otra van ocultando el lienzo blanco sobre el que un día se empezó a pintar. Los paseos matutinos tienen algo de iniciático, de paritorio, engendran lo que a medida que avanza el día se ira consumiendo. Nacer es abortar a la muerte.
El calzado está íntimamente ligado con la forma en que funciona el cerebro de las personas, su identidad, te dice mucho de ellas, es un polígrafo emocional y biográfico. Con él uno no puede permitirse licencias, si dudas, en caso de que las tengas, eleva siempre las miras, miente por tu seguridad, el ya habla por ti, es un bocazas, es por eso por lo que realmente los pies cantan, son el soplón en una rueda de reconocimiento.
Los camareros montan las terrazas para las hordas de veraneantes y sus voraces apetitos prescritos contra la constante ansiedad. Colocando las sillas de un café bar esta Perla, camarera de día, puta de noche, pluriempleada al fin, el uno le visa la tarjeta de residencia, el otro le visa el sueño de una vida de distracción en el consumo que en su niñez le amamantaron las series televisivas de Occidente. Ahora desahoga su ya necesidad, ya no deseo, despachando la pulsión en un centro comercial los lunes por la tarde, las tiendas prácticamente vacías, acaso por la crisis, igual que su club, la crisis hace que los deseos tiendan al onanismo. ¿En qué se diferencia dormir a morir?
Me siento con los viejos a mirar la playa, y me siento como ellos. El olvido no se contagia, pero avanza y nos aleja, la confusión viene de serie, de fábrica, las diapositivas de una vida se archivan todas una tras otra, barajadas, desordenadas, evanescentes, al volver la vista hacia ellas no es capaz uno de distinguir con claridad, todas juntas alteran la claridad de la imagen solitaria, la tergiversan.
Al fondo de la playa veo que han instalado un circo, luego me paso a ver si necesitan enanos talluditos.
En la calzada hay un atasco de coches, dentro se ven los pasajeros con gorras y gafas de sol y sombrillas y cubo y pala para la arena y niños y abuela y fiambreras, el camarote de los hermanos Marx. El tráfico no se mueve y los cláxones arrecian "¡no me jodas que no llegamos a descansar a la playa!" Voy a planificar un viaje al ayer para que no tenga que acordarme de todo esto, de mi vida. Envejecer provoca en uno lo mismo que el beber, lo vuelve lacónico y onomatopéyico.
Mi historia, la que yo he vivido, es una prosopopeya, en lo figurado y en lo que es, el pasado es nada, no tiene sentido, irracional, si es que al presente se le puede atribuir razón, más bien costumbre, repetición, automatismo, somos la pareja de baile de nuestro presente, apenas llevamos el ritmo, apenas seguimos la música, fingimos cantar la letra balbuceando fonemas de una lengua extranjera, abrazando al borracho de al lado, cuando lo hay, cuando no, todo es paja y más turbado me siento.
Que no termine la canción, rebobinarla, dejar lo más rico del plato para el final, retener el orgasmo, fumar un cigarro de dos metros, la sorpresa de una broma, de un chiste, lo hortera en lo elegante, las miradas que se encuentran y se mantienen, que no huyen, el abrazo del hijo, la sonrisa del amigo, la compañía en el exilio, el café en la mañana, el odio en el desamor, la escritura en la introspección, la lectura en la incomprensión. La complicidad de los ausentes.
Chico, con estas cosas espantas a la clientela. El caso es que ya no me da vergüenza comer solo, que otros miren la carta del restaurante y pasen de largo. Y pienso, ¿Quién te seguirá en la pelea, quién tu escudo, quién tu lanza?
http://www.youtube.com/watch?v=Tn3_X_0UEV8
http://www.youtube.com/watch?v=QEIgPjIMLCA
http://www.youtube.com/watch?v=qtW5qFY4lfg&feature=related
Todo el potencial de i+d desaprovechado en las imaginativas e inverosímiles tablas de gimnasia compuestas y perpetradas ad hoc para la postura que sobre la arena se ha dibujado o para los paseos al borde de la orilla del mar, tan saludables ellos, la musculatura implorando clemencia, las estrías garabateando arcos impensables, la arena invadiendo cada lorza, oleajes de grasa en cada zancada avanzada, un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la liposucción.
Los bañistas miran al cielo, las nubes amenazan, otra vez se nos jodió el día, a ver que hacemos, no estamos dispuestos a ver hacia nuestros adentros, no sea que nos encontremos y no nos guste y hagamos la inevitable pregunta, siempre postergada, ¿ Y ahora qué?
Tan educado yo, me acerco a una papelera a tirar la colilla de mi cigarro, me asomo a ella y veo una edición antigua de un periódico llamado el Progreso. Arrojo lo que queda de la hierba y nicotina y papel y filtro que se hizo humo al pasar por los pulmones que respiran por mí y que se envenenan, sale por las fosas nasales y vuela a juntarse con el resto de humos y exhalaciones para su posterior inhalación por otros, será suspiro, estornudo, susurro al oído, grito en la batalla, engaño y traición, canción. La marea sube e iguala la arena, va borrando, tozuda, las huellas de los veraneantes, tozudos, todo tiende a nivelarse. Papelera y colilla y Progreso, la metáfora.
La lluvia hace aparición al fin, depredadora, los leones a la caza, los bañistas agudizan los sentidos, tiempo de huir, la manada de Ñus levanta en estampida, protejámonos, la masa no distingue, pasará por encima de mí, de la prima de riesgo de España, de los mercados, del paro, de los desahucios, de Greenpeace y de la hambruna en Somalia, estos sí que son los indignados de verdad, la marabunta en chanclas y pareos y pantalones pirata y mangas sisa, cabreados y sin sol.
Corro a hacer un dobladillo hacia afuera en los bajos de mi pantalón vaquero, el disfraz para pasar desapercibido, un infiltrado, una burbuja en el agua mineral sin gas, por cierto, la economía debe parecerse al jabón, ambos producen burbujas.
Así que ya ves.

La felicidad es inversamente proporcional al número de alternativas o posibilidades disponibles o sospechadas para satisfacer los deseos. Los deseos son la forma concreta en que los individuos, personas o animales, aspiran a que una necesidad sea saciada. La necesidad es aquello que se supone inherente y universal a todos los individuos, que debe ser atendido para la propia subsistencia. Es por ello que parece conveniente conocer cuales son las necesidades de uno, que por otro lado coincidirán, salvo particularidades coyunturales, con las de los demás de su especie y, en última instancia, con las del planeta en general. La forma óptima para lograr la supervivencia, mientras esta perdure vigente, es alimentar con austeridad lo que nuestras necesidades demandan, ello hace necesaria una criba de los deseos superfluos, en tanto que posibles alternativas iterativas nos sumergerán en la ciénaga de la distracción consumista en la que la sociedad transita en la actualidad. Una vez identificadas las necesidades, el deseo de satisfacerlas nos traerá el amor por lo que hacemos, el respeto por lo que nos rodea, el dominio del medio, el principal, aquel en el que discurrimos mientras la conciencia no nos sea arrebatada por el devenir de la vida, nosotros mismos.
http://www.youtube.com/watch?v=mx5MM_hhoN0
El lenguaje permite la comunicación y esta transmite el conocimiento, el trueque de saberes. La semilla que uno deja en el otro inocula la curiosidad, alumbra el nacimiento de una nueva idea, que es nueva para el que la recibe y nueva también, en sí misma, al ser filtrada por el colador de su entendimiento. Uno de los mayores placeres es el conversar. Se parece al sexo. Cuando ambas partes escuchan y transmiten información se asemeja a una suerte de hacer el amor, de acompañar las idas y venidas, de remar al mismo tiempo. Cuando uno sólo habla y el otro sólo escucha, se produce una penetración, consentida o no, que siempre han existido los espías y los cotillas. Ojo, el que entra es el receptor, cruzando con el oído hecho falo, por seguir con la metáfora, el umbral de la mente del otro gracias a las piernas abiertas por la palabra. Hecho el preámbulo, de lleno al concepto, las redes sociales, el prostíbulo de la conversación, la prostitución de la charla. No se comparten ideas, ni se empatizan pensamientos, ni se discuten posiciones. Flacidez argumental, impotencia intelectual, vasectomía de sinapsis, ligadura neuronal. Se eyaculan majaderías, se practica el sexo bucal con pseudoconocidos y a bajo precio con el pretexto de parecer simpáticos, se farda del número de contactos como de sus coitos alardea un ligón de discoteca. No se transmiten conceptos, se comparten miserias, se desnudan soledades en plena ventana del muro o del perfil. En fin, la viagra de la soledad onanista viral. A la pregunta de "comparte lo que estas pensando" respondo yo: a ti que cojones te importa.
Chispón.

http://www.youtube.com/watch?v=eJmplWfWAPU
No me interpretes, me conformo con que me malinterpretes. Es increíble pero a mí me suena bien, por fin. La soledad camina acompañada con uno mismo. Encontré un sueño incontable que no inconfesable, porque no lo recuerdo, lo encontré apenas, casi no llegué a perderlo. Acaso sólo acaparo el foco de la cámara de mi propia película, me creo protagonista de ella, o quizás sea un personaje secundario, de reparto, en una obra coral con múltiples saltos temporales en el guión. Por cierto, quién o quiénes son los guionistas de la vida de cada uno, quién sostiene la pluma, quién aporta el folio en blanco, o posiblemente no esté en blanco sino escrito, lleno de reglones sin apenas espacio para añadir algo, frases sobre frases, amontonadas, unas encima de otras, ya imposible leer entre líneas, hay que leer sobre líneas y bajo ellas, pasar el dedo para tratar de percibir con el tacto la primera frase, la que desencadenó las demás y a la que se unieron en una madeja imposible de deshacer, al final convertidas en una mota que espera la tijera o acaso el paño, que la corte o que la limpie, que solamente quede el cerco, sólo durante un tiempo, otros cercos se superpondrán, hojas de cebolla que esconden la lágrima implícita en el núcleo, en el corazón.

http://www.youtube.com/watch?v=Twv7z0_STCM
Cuando despierto veo las rayas del traje de prisionero tatuadas en mi alma. Una día más a este lado de la alambrada con el único propósito de proteger a los tres que poco dependen de mí. De ayudarles en sus ratos libres en los que me visitan en esta cárcel a aprender a decidir por ellos mismos lo antes posible. A distinguir la mentira de la realidad. Nada pido ya, poco espero en este campo aciago. Sólo ver su cara al otro lado del cristal y escuchar su voz en el teléfono. Escoger con economía las lecciones a transmitir, asumir la misión de mensajero de su futuro, el día que estén solos podrán leer en su memoria el amor de quien renunció a la lucha en su vida para entregarles su paz, ahorrarles la visión de una batalla en la que ellos serían los mayores perdedores. A parte de eso, sólo queda asentir.

http://www.youtube.com/watch?v=ygvK1N8obUU
El mar estaba tranquilo y su alma en calma, y es así que un sentimiento de felicidad le inundó y por instinto acercó sus labios al agua para achicar en un beso aquello que le desbordaba. Al abrir los ojos vio reflejada su sonrisa que se alejaba de él expandiendo en ombligos concéntricos esa intimidad inmensa compartida con el todo.

http://www.youtube.com/watch?v=sux8eCPFHyw&feature=fvst
Todo lo bien que se puede estar, dadas las circunstancias. A veces mejor, otras peor, supongo que sobrevivo, como todos, te conformas con las cartas que te han tocado y juegas la partida con desinterés. Al final siempre perdemos. Es difícil vivir sin fe.
Los domingos son terribles, después de dejar a los niños. Son exterminadores (los domingos), me he dado cuenta que lo que me mantenía aferrado a la vida era mi atención constante en torno a ellos (a los niños) y que el sucedáneo que tengo ahora no me llega, haga lo que haga me produce desdicha, no poder estar junto a ellos, por las noches, ser quien les de el último beso, quien les consuele en la pesadilla, quien les abrace al despertar. Eran mi eslabón con la realidad, mi espada en la batalla diaria, ahora me consuelo en que todo pasará, todo es nada, y ésta (la nada) es lo que quedará de nosotros.
Sé que es una utopía eso de los niños, que me dejarían tarde o temprano, pero las utopías están para eso, para avanzar hacia ellas y que ellas avancen también y se alejen. La utopía nos sirve para caminar.

http://www.youtube.com/watch?v=JcCouVxagNw
Siempre le pasaba lo mismo, después de pasar unos momentos agradables, casi acariciando el umbral de la felicidad, rozándola con las yemas de los dedos, una especie de resaca le sobrevenía de repente, después del mareo y la desubicación producida por transitar por un territorio poco explorado por él, el de los sentimientos, los agradables, cada incursión era una expedición al polo norte, a su corazón. Los recuerdos de aquellos instantes no llegaban a graduarse en la carrera de ser periodos, en su título, pues principio y fin eran tan próximos como para que la consciencia dudara en ser permeable a ellos, férrea la tutora que no quiere repetidores de ese tipo en su aula. Lo siguiente era siempre el vómito de los últimos vestigios, no permitir germinar la semilla dentro, no dejar rastro de ellos, asegurar la sombra en el desierto. Mostrar la paleta de colores de su cola de pavo real, todas las variedades del negro exhibidas en lo que viene después de la penumbra, la oscuridad. ¿De qué sirve la ceguera en una noche de puertas y ventanas cerradas?
Se ahogaba en un vaso de agua, se desahogaba en una botella de ginebra. Ese era el tratamiento prescrito, por el médico que sutura las heridas abiertas, las que no terminan de cicatrizar, las que día tras día dejan escapar nuestro rojo desde adentro, la misma sangre que sube caliente y sale gélida del corazón, la que no termina de hacer postilla en el corte, al rozarnos con lo cotidiano, con todas sus esquinas, con lo reiterativo y con el eterno cambio que siempre encierra lo mismo, eterno pero finito, al menos para cada uno. Ese es su estilo, el mismo que el del propio mundo, un piropo a lo vacuo, el eco de un mudo, el piano de un manco. Tejiendo cigarro tras cigarro, la manta de bruma presagio de la postrera vez en que ésta nos tape y nos haga desaparecer, salir del enfoque de la cámara, ya no escucharemos a Sam tocarla otra vez.
El asiento contiguo en el cine, el que esperas que se ocupe por lo que puede ser tu futuro y que termina dando acomodo a tu chaqueta, en la que sí puedes confiar que te procure calor cuando lo necesites. Y algún día te encontraras preguntándote qué fue de ti, dónde fueron a parar las estrellas que llovían en tu habitación, dónde los deseos formulados, las promesas juradas, cuántas las monedas en la fuente, una fortuna malgastada, en qué momento y quién fue el que rayó el vinilo de tu melodía, la canción desde entonces en el iterativo estribillo, el goteo en el grifo que ya no cierra, que se pasó de vuelta de tanto apretar. El patito lindo, que es el cuento a la inversa del patito feo, el que desde el inicio nos lee la vida por las noches para cada vez conciliar con mayor dificultad el sueño. El primer reloj recibido en regalo, en tu primera comunión, premonitoria la cosa, toma tu primera hostia y vete contando el tiempo, que no cesa, avanza y te mengua, te convierte en mendigo de repuestas, sin techo a la intemperie de la soledad de tu existencia, todo viento y granizo, todo calor y bochorno. Y nos resfriamos para siempre, para siempre la fiebre, el sudor, la palpitación, ya no cesarán, o sí, pero para entonces ya no será cosa nuestra, exiliado de mí

¿Y si al final ella tenía razón? Se lo había dicho como si lo conociera de toda la vida, acostumbrada como estaba a leer entre líneas el pasado y el posible futuro de las personas. Es más, tú nunca has estado enamorado, le había espetado, como conclusión de la película, como punto final a sus conversaciones presenciales e imaginadas, desenmascarando las miradas y los gestos, iniciados, provocados o abortados. Ni siquiera tienes amor propio, así empezó la que se sería su última frase. Acaso descubrió que no buscaba completar su insuficiencia, que era consciente de que el sujeto siempre es insuficiente en sí mismo, que el ser como ente general y abstracto a definir siempre es parte de un todo y como tal sólo justifica su existencia bajo la condición de complementariedad próxima y remota con todas las posibilidades de conexión y abrazo de las extremidades de otros seres, y en su esencia y por definición, la insuficiencia es inherente, y no por más perseguido su engranaje en otro objeto de deseo se puede cambiar lo que por hermenéutica es. Superar la aspiración genética a completar la insuficiencia del ser, manifestada bien en la esfera de lo privado o bien en la de lo social, necesita de perspectiva cínica, estoica y nihilista, de sarcasmo y ética de la misantropía en el zurrón, distancia suficiente para sentarse en el palco de butacas y asistir a la representación de la propia existencia como uno más del público, sin libreto o con él, tanto da, el guión se escribe de forma errática pero aún en su volatilidad intrínseca, la imagen impresa con el paso de los años, de los siglos, de los milenios, es una campana de gauss que dobla por la vida, que es la muerte de la inexistencia, que a su vez es la dimensión paralela a la que en cada momento asisten los fantasmas de los que fueron y los que serán. Es pues el ser esa dualidad que discurre asíntota, toda una y diferente a la vez, lo que hay y lo que no hay, excluyente empero complementario, visto desde un extremo y desde el otro, si esto al mismo tiempo fuera posible, no sólo por el tamaño del ojo observador en sí mismo –dimensión física-, sino también por la distancia temporal de los momentos, infinita en su constante devenir, finita en su constante renacer y remorir, porque si se da por posible que el todo renace con cada muerte, a la misma conclusión se puede llegar con cada deceso, a que volverá a morir una y otra vez. La existencia es una maternidad alojada en un tanatorio en el que las plañideras usan sonajeros para marcar el ritmo de su elegía.

Otra noche más por delante, con ayuda de la benzodiacepina, que te mece, te columpia te canta una nana, va bajando el volumen de tus pensamientos, cambiando la frecuencia de la emisora en la que transmites tus vivencias para el público de tu consciencia. El sueño, ese testaferro que nos cruza de la orilla de una jornada a otra cada noche, para llegar a tiempo a fichar en el trabajo de despertar cada nuevo día a nuestra vieja existencia, el trámite de abrir los ojos y pensar: otra vez, vamos allá. ¿A dónde? No sé.
Los momentos montados en un tren que parte hacia el futuro, sin billete de vuelta, en el que serán recordados como pretéritos, por nosotros y por otros, en primera o tercera persona, en la segunda siempre y en todo caso, seremos otro en el futuro, ya no el mismo. Menudo lío. No sé.
Lo bueno se mira desde la lejanía mejor, lo malo más aún, y a la inversa también, según el momento, el ánima del animal, su estado, el de su noción, el de su tiempo, que fluctúa como el soplo del aire a su paso por la trompeta hasta que ya no suena música, ahí el reloj se quedó sin cuerda, sin quien se la dé, vaya, porque la canción sigue cantándose por el coro y otros la bailan. El salario de respirar el aire exhalado por aquellos, descartes tras descartes. ¿Pienso luego existo? No sé.
El azar, no el de Rusia, ese es el zar, no el de Pepe, ese es el bazar. De tanto repetirse lo azaroso se convierte en determinado, siempre puedes contar con el azar, al cien por cien, eso es cuando menos contradictorio, que lo improbable sea cierto con seguridad, pero es así, ¿verdad? No sé.
Como pueden algunos ser tan mezquinos, tan majaderos y tan estúpidos que después de decirles todo con una mirada, de contestarles todo con una pregunta, de enseñar tu agravio educado pero inequívoco, seguir día sí y día también formando parte del paisaje en el que te mueves y en el que los esquivas. ¿Estúpidos? No sé.
Recordarte que mañana te toca incubar tus polluelos, mantener sin mácula la cascara de su infancia, dándoles calor para que engorden y crezcan sanos y a fuego lento antes de pasar a la sartén del uso de razón y con su uso, perdiéndola cada vez más, la razón. ¿La razón de qué? No sé.
Como se repite este no sé. ¿Sólo sé que no sé nada? No sé.
Por cierto, que imágenes tan agresivas han puesto en las cajetillas de tabaco. ¿Por qué fumas? Porque soy muy burro. Pero fumar acorta la vida. Sí, y nacer también y nadie se lo cuestiona, toda por delante y siempre menguante. No sé.
¿Yo soy yo y mis circunstancias? Sí, el azar, que no la fortuna.
Llevare todo, nada queda aquí, ya no más alacridad, notas de una samba provecta. La luz puede ser soleada en una gris puesta de sol otoñal, ceniza en un infante día primaveral. Llévate mis brazos, ya no abrazarán la almohada en mis noches de soledad entre cada día, in between days. Llévate mis labios, ya se han divorciado de suficientes gin tonics. La ciudad y sus muros se vienen abajo, y yo soy el suelo sobre el que golpean al caer con toda su malicia. Después de gozar de Sodoma, modorra, que bostezo. El blues ya no es azul, ni triste ni celoso de lo alegre, es blanco y negro y en el medio una mezcla de los dos, con los ojos rasgados, estreñidos de sentimientos, acaso por no ser reiterativo con la metáfora de un epíteto de la muerte-vida-muerte. A ver si el random de la playlist se lo curra y hace mover mi pie al compás. Ese sonido de guitarra, esa voz rasgada protagonista de tantas noches estiradas por el miedo a no despertar de la pesadilla, del talento de no hacer ni decir nada, de no ver el candil en Times Square.
Gracias, gracias por tu paciencia. Cuando nadie daba nada por mí, por ti, por nosotros ni vosotros, moneda devaluada en la salida de la subasta. Transexual en el planeta heterodoxo, anzuelo en el sedal, agujero en la lancha hinchada, grito en la oscuridad, silencio en la infacia, incomprensión por nombre y apellido. Cuanto más estúpido todo, mejor. Cuanto más absurdo, mejor concuerda, más lo define.
Todo el mundo que oigo habla de mí desde mi sordera, hablo con todos desde que me comió la lengua el gato después de mordérmela por primera vez por no decir todo lo que digo ahora que no me escucha nadie.
¿Alguien me escucha?
Lo característico del paso de los años es que la curiosidad no desaparece, puede permanecer intacta como en la del joven imberbe, pero la intensidad con la que nos aplicamos en el descubrimiento del nuevo campo sí que languidece como globo con el nudo mal apretado. Quizás sea porque las verdades absolutas son pocas y tras cada nuevo reto o enigma escondido o velado en su metáfora, se encuentra en última instancia, una de ellas.
Es así que el ingenio creador del artista puro se torna cada vez más perezoso en contar el mismo cuento barajando las palabras del diccionario que otros tantos tahúres han trileado en el pasado. De hecho si hay algo en común en todo gran artista es su duda e incredulidad con respecto a la trascendencia de su obra. Son conocedores de la inseguridad con la que se han manejado en el periplo creador y que posiblemente su trabajo es un adorno floral de esos conceptos básicos que hasta los animales poseen.

http://www.youtube.com/watch?v=Cg0cmhjdiLs
Y es que al nacer salimos de nuestra primera morada, la muerte, la inexistencia, de la que no tenemos recuerdos y de la que tampoco nos recuerdan, y desde ese momento, ya enterrados en vida en esta ensoñación, exiliados en este campo de refugiados y a la intemperie, arañamos la tapa de nuestro ataúd, la golpeamos, gritamos para adentro y para afuera, tiempo sobre tiempo, nada sobre el todo y bajo el todo que vendrá, que nos despertará de este sueño para devolvernos a dónde venimos, a ser tierra bajo la tierra en la que crece la hierba, espacio ocupado en el cajón de una hilera de ellos, acompañado ya sin saberlo por los otros que tampoco nos advierten, y a ser en definitiva lo que somos para los demás, historias contadas, recuerdos. Somos en lo básico recuerdos para los demás, incluso en el presente y en compañía, sólo somos recuerdos para el compañero, que al hablar con nosotros nada más que le infundimos de nuestro recuerdo para centrarse en su respuesta, en su historia- ya él, no nosotros- y servirle de escalón en el que ir apoyando cada uno de sus pies, en los que asir sus manos por la cuerda que le llevará a la soga que colocarse en el cuello. Sobrevaloramos nuestros actos y nuestra influencia en los demás, es fácil pasar inadvertido- es lo suyo-, que se vayan sin despedirse de la casa en la que compartimos existencia y experiencias, en la que diste de comer y fregaste los platos, sin caer en la cuenta de lo que por ellos has hecho o a lo que has renunciado, qué importancia tiene en el fondo -y en la superficie-. Llevan el presente en su cabeza como un éxito pegadizo de verano, como el asfalto que se pega a nuestras suelas en un largo día de calor, como el picor que quieres rascar. Esperamos en nuestra eterna soledad –siempre es eterna, siempre es soledad- la llamada que lo cambie todo, al menos en ese momento, que te recuerde que otros te recuerdan estúpidamente–lo que de hecho eres, un recuerdo, y estúpido- , no pensamos que es como jugar a la lotería, las mismas probabilidades de que esto ocurra, ninguna, esa llamada no llegará, y tu mientras clavando tus uñas en la puerta del ataúd, escribiendo en arañazos y pocas palabras tu biografía, tus ansias por salir de ahí, de trascender, de poder abrir esa puerta que te excluye y te ahoga en la agorafobia de tu caja de madera vida, deseando volver a la claustrofobia de la muerte a la que te debes, deudor de por vida y pagador de por siempre, la que te iguala y te cesa, la que permite que dejes de recordar de hablar contigo mismo, el monólogo eterno que no deja eco, la pelota contra la misma pared que vuelve a buscar un nuevo impulso hasta que ya nadie contesta, bota en ritmo descendente, alejándose y termina por parar.

http://www.youtube.com/watch?v=9NF5XU-k2Vk
La familia, la educación, el entorno en definitiva, la familia es un entorno muy recurrente, genético y de hecho de por vida. Aunque la repudiemos no podemos evitar que sea la que nos ha tocado y por la que estamos aquí, gracias a ella, hablando de ella y de otras cosas. Yo miro a mis tres hijos y supongo que me juzgarán en el futuro, si acaso no lo hacen ya, para bien o para mal, o para las dos cosas, según cuando, o incluso a la vez. ¿No son esos la clase de sentimientos encontrados que transpiramos por aquellos a los que amamos de verdad?, culpando y perdonando a la vez. Somos descartes y de ellos venimos a la vida, somos coincidencias en tiempo y lugar, incluso con nosotros mismos, esa es nuestra identidad, nuestro ADN, hasta que ya no seamos, que será dentro de nada. Equivocaciones, fallos (de un fallo yo he tenido tres aciertos para mí y para otros y así en progresión geométrica), infinitas probabilidades de no haber estado en esto, el mundo la vida la conciencia o lo que quiera que sea, y toda esta improbabilidad que ha sido vencida al nacer ya alumbra con una certeza absoluta, matemática y estadísticamente probada, con una especificación de serie, de fábrica e infalible, la caducidad programada. Lo bueno no puede eternizarse, eso si acaso es cosa del universo, no de las estrellas que podemos ver ahora, que quizás alguna ya no exista, sólo nos llegue su destello a años luz de aquí y aún así, desaparecida ya, nos llega su eco y nos resulta bello. Me enorgullece el privilegio que el azar me ha otorgado caprichosamente a mí, de pertenecer a ello, ser una parte de esta naturaleza que abarca mucho más que este mundo y lo que la tecnología de la que disponemos es capaz de vislumbrar, y doy gracias por poder ser espectador consciente de ello.
Sí, era casi seguro que no viviésemos pero es absolutamente seguro que no lo haremos y esto me hace mirar al pasado y al futuro desde este presente, sonreír y echar la mano al paquete de tabaco, que de algo hay que morir. Por eso anoto las cosas aquí, para cuando la necedad me nubla el buen pensar, que es frecuente, tenga a mano este microscopio que me permita enfocar y ver las pequeñas cosas buenas en medio de la miopía de un día de mar de fondo. Al leer esto en esos momentos podré decir lo mismo que la canción, a menudo me recuerdas a mí.
http://www.youtube.com/watch?v=03nNDAqiwzg&feature=related
· Pero…?
- Mmmm…, zulo, curiosa palabra para identificar el domicilio. Lugar oculto y cerrado para esconder ilegalmente cosas o personas secuestradas. Parece una metáfora de la propia vida. ¿Qué desea un secuestrado? Terminar con el cautiverio, recuperar la libertad arrebatada, aunque su ausencia sea ya tan lejana que el olvido se haya adueñado de su presencia. Y una vez conseguido, ¿seremos capaces de disfrutar de ella, con ella?, o se instalará en nuestra conciencia otro sustituto para disfrazado subyugar nuestra aspiración de felicidad, como en un continuo síndrome de Estocolmo, buscando algo o alguien en quien poder descargar nuestra responsabilidad en las acciones u omisiones que nos conducen a la desdicha.
· Pero…?
- Que eres una persona con ingenio y talento, con recursos, no me refiero a los que te han interpuesto, en el juzgado, sino a los naturales inherentes a ti. Pero eso tú ya lo sabes, aunque te gusta que te lo refresquen, a quien no, no somos impermeables a la crítica, a la buena y a la mala. En el colegio, de niña te decían cáustica. Eso conlleva la virtud, y la carga, de ser capaz de ver, cosa distinta que mirar, que ya supone fijar la mirada intencionadamente en lo visto. Esto último ya depende del interés de cada uno, de la práctica y de la curiosidad, la buena y la mala. Pero antes de todo hay que tener la capacidad de ver y quizá me lo niegues repetidamente para que te lo recuerde, repetidamente también.
· Pero…?
- Pues no te habrás dado cuenta, pero tú misma, en la contestación, has refutado, una a una, las culpas que te impones, juez y parte a la vez. Si esto no es una conversación profunda que venga dios y me lo diga, como soy ateo sospecho que no vendrá. El problema, que lo tenemos todos, tú yo él nosotros vosotros y ellos, es vencer nuestra propensión a no mirar más allá. Ir cortando la cebolla, capa a capa, a conciencia, y una más, cada vez, llorando y llorando, y ver que al final las lágrimas eran por nada, por un proceso químico que afecta a nuestros órganos, los ojos, el mismo efecto que produciría en un chimpancé o en una jirafa, y que todo es intrascendente, evanescente y quimera, y que la única seguridad que tenemos es que en este momento estamos vivos, y que mañana, cuando sea ese mañana, ya no lo estaremos, y que el único proceso químico en el que intervendremos, ya sin consciencia, será la putrefacción, y que ese será nuestro legado póstumo, a lo que tendemos. Mientras tanto, podemos entretenernos con la ilusión de que podemos decidir a qué decimos sí y a qué decimos no.
· Pues no me habré dado cuenta, y sigo sin dármela. Llevo toda la vida esperando a salir de la crisálida y, a estas alturas, tengo que asumir que no me voy a convertir en una bonita mariposa.
- Ni yo en un mariposón al salir del capullo.