Hueco

Comparando transparencias.


Las palabras son el eufemismo de los hechos, ellas solo importan cuando hieren, cuando te desechan como al rabillo de una fresa. El que siente y no transmite es pusilánime en lo que debería importar, solo experimenta la empatía ante un espejo. Si ahogas el sentimiento no le dejas salir a flote, no permites su rescate, se hunde con todas las experiencias y sedimenta frustración. Por más que razones y hagas análisis sobre el pasado, la historia siempre es subjetiva y coincide con el pensamiento de los que se creen vencedores, que imponen su punto de vista sobre el de los que no han estado y vendrán en el futuro. El tiempo siempre se repite pero nunca volverá a ser el mismo, en la felicidad acelera hacia su fin, en la tristeza se congela; nace, crece y muere y con él todo lo que ocurrió y que ya no es, que no será. Conocer cómo seremos mañana, eso no puede ser, ya no existe. Los vínculos fuertes se sueldan del mismo modo que los huesos rotos, a través del dolor sufrido es la forma en que nacen y es cómo nos damos cuenta de su necesidad. Escribir es una forma de quejarse, de ajustar cuentas con el pasado, con la vida, con y contra todo. Al quejarse uno muestra su desazón, el que lee puede interpretar un insulto o, si mira más allá de su egocentrismo, tiene la posibilidad de adentrarse en la mente del que calla la voz pero que trata de interpretarse y que le interpreten, invita a otros a que paseen por su intimidad, enseñando sus vergüenzas más escondidas y exponiéndose a recibir malas interpretaciones y contestaciones sin derecho a réplica, es decir, pudiendo ser censurado por pensar en libertad, por mostrar su visión de los hechos sin más finalidad que registrar la crónica o hacer el relato de cómo ha malentendido las vivencias. Cuando escribes te haces minúsculo, cuando te leen infinito. Le dijeron que estaba verde, por lo que trató de mostrarse maduro, para entonces ya olía a podrido. Así que resultó que sabía redactar, cuando le interesaba, leer, cuando quería, y fue que la timidez dejo a la vista el complejo de inferioridad, como siempre, y el orgullo se tornó en soberbia, y esta en ira, y todo lo que fue capaz de articular por escrito se convirtió en un arma arrojadiza, de esas que se vuelven como un boomerang para clavar letra a letra en la piel el mensaje como cuchillo.

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