Hueco

Vacaciones.


Quejas y más quejas, gritos, lucha e incomprensión. Desprestigio añejo, promesa vacía, desarraigo inalterado, descomposición incrementada, apuesta perdedora. Costumbres solitarias, la sombra como única compañía. Princesas otoñales, mismas mentiras, distintos vacíos, viajes de ida y no de vuelta, porque no ha vuelto, porque se marchó, porque no cuajó, no conquistó, no creció. Imaginación descolocada, realidad fría, realidad inalterada. Verdad inexistente, verdad inocua pero dolorosa, verdad irremediable. Lo tomas o lo dejas, lo dejas, o se queda, se muere, o se desvanece, desaparece, sin lucha, sin queja, todo evanescente, pero acepta, luego consiente, consciente, luego espera, ¿se alegra?, un problema menos, porque eso es, un problema, ahora de menos, amago y engaño, a cada presa su cebo y aquello a su zanahoria, se alegra y se aleja, le devuelve la soledad, sin queja ni amaño, luego no importaba, se rompió el juguete. La niebla despeja y en la arena hay un espejo que ya no refleja nada y una radio sin pilas, la marea sube y pronto no habra huella de su paso por este mundo. Y tres que no esperan, y uno sin parar, y el otro que se vuelve a quejar, y son dos miligramos menos, diez kilómetros más y tú que no estás, y que ya no eres ni serás, y los dibujos en la tele, y los cigarros esperando, el nicho que llegará, el hueco que dejará, y quién escucha ahora, quién si no el papel, que comprende y acepta, como la madre muerta, que no abandona al niño por grande la trastada, el recuerdo, el papel que abraza y perdona, y otra vez muerta.

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