Hueco

¿Por qué escribo?

Escrito por hueco 24-04-2010 en General. Comentarios (0)

 

http://www.youtube.com/watch?v=ugx0zC3Otwk

Escribo para recordar que existí en el pasado. Cuando usaba un hielo por papel el tiempo hacía que los recuerdos se derritiesen. Antes buscaba el aplauso de los demás. Con el tiempo me conformé con el mío. Ahora me quedo dormido viendo mi propia obra. Lo más parecido a la felicidad es lo que se percibe cuando uno siente que está quedándose dormido. La muerte es el sueño eterno Quedarse dormido para siempre. Soy feliz porque noto que me estoy quedando dormido. Llenamos nuestra vida de tareas del mismo modo que tomamos Tranquimzín para poder dormir. Ansiamos el descanso no para poder vivir otra vez sino para tomarnos unas vacaciones de nosotros mismos. Esta ansiedad es lo que provoca nuestra ansiedad. Necesitamos el descanso porque nos lleva al lugar del que procedemos, al útero de la nada. Volver a ser lo que fuimos antes de la interrupción involuntaria de nuestra inexistencia. Existimos para que otros se equivoquen pensando que existen. Me consuela pensar que si medimos la existencia en términos de tiempo, la nuestra es inexistente. Es imposible que exista lo inexistente. Tomar conciencia de esto me lleva a pensar en la libertad. ¿Goza de libertad lo que no existe? ¿Somos concientes de nosotros mismos? Existimos como espejos que reflejan otra existencia, la de la Voluntad del Universo o de la Naturaleza, nuestra libertad está acotada por ella. Todas las funciones primarias nos llevan a la perpetuación de la Naturaleza y su instinto selectivo. Luego no nacemos libres, de hecho no existimos como entes autónomos. La perspectiva temporal cósmica revela otra realidad.

Me está entrando el sueño…

Vértigo

Escrito por hueco 24-04-2010 en General. Comentarios (0)

 

http://www.youtube.com/watch?v=CWyJY4DFgB4&feature=related

Era tal el vértigo que le procuraba el curso de los acontecimientos que necesitaba tumbarse boca abajo para sentir el contacto del suelo bajo su piel. Mil condenados a galeras se ocupaban de bombear su sangre al son del tambor de la ansiedad. No cabía duda que la mirada que de forma fugaz se tropezó con la suya tenía el poder de la santa inquisición que dicta la sentencia del hereje. El pecado había salido a la luz. Todo un crisol de ondas solares se ocupó de que hasta la última de sus aristas no quedase oculta a los ojos de los arcángeles del Apocalipsis. El puñal que otras veces vio desenvainar se había tornado en espada de fuego dispuesta a extirpar la hasta la última gota de vida de las células de su cuerpo para convertirlas en simples átomos. No hay peor juez que un iletrado sin experiencia. Es juntar la necedad con la vagancia. Mezquindad en el aprendizaje y esclerosis en el trato. No le fue difícil sacar de la lavadora toda la ropa sucia antes del prelavado. En el fondo ese es el sueño de toda persona sucia, pretender que los demás se pongan sus harapos encima de los engaños sudados. Transpirar dolor, cocinar insidia, dormir sobre remordimientos. Lo que le proporcionaba optimismo era provocar el pesimismo de los allegados. Había conseguido tejer su telaraña de rencores con la savia de la cizaña. Sus movimientos se tornaban cada vez más torpes porque el hielo se había apoderado de su interior. Sus pensamientos siempre más hirientes porque había un volcán en su cabeza. Su intestino tenía ojos y boca de serpiente en el inicio y cascabel en el extremo final. Su lengua se relamía ante el olor del insecto que iba a devorar. Una vez más, la ignorancia convertida en moral al uso se cobraba la presa del individuo. Su pecado fue creer en la libertad.

Heridas

Escrito por hueco 24-04-2010 en General. Comentarios (0)

 

http://www.youtube.com/watch?v=dh3bleXWaCk

 

Escribo para lamer la heridas, anhelando que la saliva de tinta las haga cicatrizar. Cada frase necesita de cesárea para ser parida. Tantas veces se ha interrumpido el alumbre del sentimiento que el arpa de las palabras ya sólo resopla suspiros por las oportunidades pérdidas. El niño en cuerpo de hombre necesita mirarse en el espejo de la página en blanco para encontrar una sonrisa de complicidad. Tienta con un tobogán a su desasosiego para que juegue en el jardín de la imaginación de otro lector. Solo así puede liberar el eco de sus secuestros emocionales, por la cancela abierta de la curiosidad del invitado, que chismoso y sin pudor levanta las alfombras y mira en los cajones en busca de sus secretos escondidos.

Rastreando con sus ojos en la oscuridad imagina juegos al atardecer en la playa. Pero el capitán intrépido se convirtió en pirata y para cuando aquel se había dado cuenta de su condición de mercenario, ya había tirado por la borda la mayor parte del tesoro. Ahora le quedaba lo justo para vivir con austeridad. Cuidando de sus marineros. Enseñándoles a guiarse por las estrellas en la oscuridad. A cantar las canciones de otros que tuvieron más fortuna evitando las tormentas. En la partida tuvo las cartas en su mano, pero quiso más. El juego terminó y solo hay un perdedor. Encendiendo un cigarro oteo en busca del viento y partió.

El perdón

Escrito por hueco 24-04-2010 en General. Comentarios (0)

 

http://www.youtube.com/watch?v=8uf1n1wUfxE

¿Por qué perdonamos mejor las faltas de las de nuestros hijos que las del resto de los mortales? Quizás nos sintamos identificados con ellas y el subconsciente nos hace responsables en cuanto a que, como educadores, compartimos la culpa al no haber realizado nuestra labor con la diligencia necesaria. ¿En qué se diferencia la relación de unos padres con sus hijos con respecto a la de otros padres con sus hijos? Rápidamente nos viene a la cabeza que no todos los padres ni todos los hijos son iguales. Evidentemente. Pero pensemos que el devenir es una sinfonía que se interpreta constantemente. Somos las notas del pentagrama. Nuestras relaciones con los demás siempre están sacadas de contexto. Quizás incluso la propia relación con nosotros mismos está sacada de contexto. ¿Somos acaso culpables del correcto funcionamiento de la bioquímica de nuestros circuitos neuronales? La vida es como el mar. Una fuerza ora tranquila, ora ingobernable. Pero siempre imparable. Sigue su curso. Las corrientes son frías o calientes. Mayor profundidad o chapoteo juguetón. En todo caso, el lugar y el momento en el que te toque estar condiciona cómo vas a ser y a donde vas a ir a parar. Puedes tratar de ir contracorriente o a favor, pero no depende del todo de ti. Las mareas suben y bajan. Nos afanamos en escribir nuestro nombre en la arena pero indefectiblemente será borrado. El agua no distingue. Se funde una con otra. No juzga si ésta es salada o dulce. Una vez vertida se une a la sinfonía sin fin. Hoy está aquí. Quizás mañana en una nube. En años en una cacerola. Me pregunto si los átomos se cuestionan si su lugar es éste o aquel. Supongo que no. De hecho son los mismos que hoy están en mi cuerpo, que hace cien mil años estaban en un dinosaurio y que dentro de otros cien mil años estarán en una supernova. Quién lo sabe. ¿En qué me diferencio de otro animal o de una mesa? En que ahora tengo conciencia de ello. Dentro de cincuenta años quizás algo de mi esté en ellos. Sobrevaloramos el papel de la muerte en la vida. Noches de insomnio pensando en que habrá después. ¿Pero y antes? Antes de saber que estamos aquí donde estábamos. Quizás en otro animal o en una mesa. Las religiones se afanan en darnos una esperanza de qué podremos encontrarnos el día que estemos no-vivos. Pero el caso es que nuestro estado habitual es el de no-vivos. La naturaleza, el universo, se mide en cantidades de tiempo que sobrepasan nuestro entendimiento. Pues entonces qué significa la gota de agua que es nuestra vida en esa inmensidad. Es una parte más de la partitura. Sin la aportación de nuestra nota a la sinfonía nada sonaría igual. Acordes y desacordes de una música que no tiene principio conocido ni fin esperable. Ondas de la única emisora de radio que conocemos. No pretendamos cambiarla, siempre sonará igual. Con millones y millones de instrumentos, pero igual. Todos cumplen su efímera función. Cada nota cuenta para la jam session. Improvisando. ¿Acaso no vamos actuando sobre la marcha? ¿Quién se cree dueño del copyright? El orgullo. Ese bufón preferido de la sonrisa de la sabiduría. Cómo no reírse ante tal ignorancia, ante tal necedad. En la jaula de ratones, el que gira la noria se muestra imponente ante los otros. Pobres roedores mundanos. No sabéis el mérito que tiene saber hacer girar la noria (piensa). ¿Qué mérito tiene el haber sido afortunado por la lotería de la genética con un don, con un talento o con el mismo genio? ¿Qué mérito tiene igualmente haber nacido en un sitio u otro y poder haber disfrutado de mejores o peores condiciones para una u otra cosa? Lo que vale en África quizás no valga en Noruega. Lo que vale en todos lados es la compasión. Entender que el que está al otro lado del espejo eres tú mismo. La compasión te lleva a la ecuanimidad y ésta a su versión más excelsa, el no-juicio. Para poder juzgar solamente hay una vía, la del no-juicio. Juzgar justamente supone conocer todos los pormenores de la situación, y esto es imposible. Solamente la compasión juzga con ecuanimidad, con no-juicio. Porque se identifica con el otro, con los caminos que por fortuna o desventura le llenaron de vicios o virtudes. Pero lo que hoy y aquí es vicio o virtud, allá y en otro tiempo puede ser al revés. Ambos momentos y tiempos están en lo cierto al tomar como verdadero o falso algo. Solamente es un asunto de enfoque, de perspectiva, de panorámica. Pero el horizonte es el mimo visto desde el norte o el sur, sólo que en un sitio hace más frío y en otro más calor. Es desde el vértice de un triángulo virtual equidistante a ambos puntos desde donde se pueden ver las dos realidades que en el fondo son una. Y según el péndulo oscile a uno u otro lado sonará un tic o un tac. Entonces si ambas verdades son ciertas, ambas son falsas a la vez. Y la tercera versión, la que comprende a las dos, también es falsa y verdadera a la vez. Con estas premisas estamos rompiendo la ecuación que dice que todo sí implica un no. Lo que realmente existe son distintas dimensiones de la verdad o de la realidad en la que la verdad se muestra. Pero la realidad en si misma es sólo una, enfocada desde distintas perspectivas o dimensiones. No hay cerebro natural ni artificial que tenga inteligencia suficiente para agotar todas las perspectivas, así que nos conformamos con que en el mejor de los casos la epiqueya adopte la decisión. Pero la realidad es que el único juicio justo es el no-juicio. Capas y capas de ignorancia velan nuestro conocimiento. Pasear por un campo interminable en el que están tendidos al sol todos nuestros prejuicios, valores, morales etc. Notamos su tacto en la cabeza cada vez que dejamos uno atrás, pero nunca llegamos al final. Si esto es así, no luchemos más. Adoptemos la estrategia de la gota de agua que se vierte al océano. Fluyendo no gastas energías en vano. La marea te transportará. Dentro de millones de años seremos polvo de estrellas.