Hueco

Mercenarios.

Escrito por hueco 15-05-2012 en General. Comentarios (0)

Lo único a lo que me soy capaz de comprometerme es a que si nos enamoramos alguno de los dos terminará con el corazón roto, quizá ambos. Somos libres de mirar hacia otro lado, a tapar nuestros oídos, a usar guantes para que nuestras manos no se rocen, también podemos tratar de disfrutar la felicidad pasajera, que los acordes de la guitarra guíen el compás de nuestro pies, que nuestras miradas perdidas se encuentren en el mismo sueño, que nuestras pieles sean la ropa de cama en la que escondernos un fin de semana perezoso. Claro que no te he olvidado, sólo he ignorado tu recuerdo, igual que tu respuesta feliz desveló la espera paciente del momento oportuno. Entiéndeme, solo trataba de ser honesto con mi inseguridad y la tuya, saber si ambos seguiríamos sintiendo lo mismo con el paso del tiempo, la excitación de preguntarse si el otro estará pensando lo mismo que tú en este momento, poder charlar en silencio, sonreír desde adentro, robar los colores al arcoíris, no cambiarte por nadie en ese instante, saber que eso es estar en el centro del universo, que todo lo demás sobra en ese segundo de eternidad, susurrar secretos al oído en un idioma sin palabras que sólo los dos entendemos, disfrutar ese tipo de conexión, usar las agujas del reloj como palanca para detener el tiempo y así remendar los trozos de nuestro pasado haciendo de nuestro futuro un quilt con el que abrigar la esperanza reencontrada.

Religión

Escrito por hueco 01-05-2012 en General. Comentarios (0)

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El trabajo de un historiador es poner en orden el azar, relatar su curso pasado. La religión pretende dar un significado trascendente al azar. Dios no jugó a los dados, dios es el dado y el universo su partida, el orden en que sucesivamente ha caído, el guarismo. El filósofo trata de entender los guarismos, el científico predecirlos y explicarlos mediante fórmulas, conocer las reglas del juego. El bien y el mal, sólo distintas tolerancias al sufrimiento, blanco, gris y negro, en última instancia sí o no.

Flor-topedia. Vivir y otras enfermedades.

Escrito por hueco 19-04-2012 en General. Comentarios (0)

Ya sé que fue una desdicha de chiste por mi parte, confiscar una sonrisa con el altruismo avaricioso de un santo. Hay días que se apagan con sólo despertar, se cierran las persianas a la ilusión con la salida del sol. Establecimos un copago en nuestra relación, yo te di motivos, tú reproches, la lujuria en la soga de la compañía. Abrir en canal el alma con el escarpelo de la introspección, es cosa de saber gestionar las vísceras, casquería emocional. Enredado en tus susurros no pude oír las advertencias, disfrutando con serenidad la esquizofrenia de odiar lo que no es posible dejar de amar. Descubriendo a tu yo verdadero, el que habita en el pensamiento de los otros, dejando escapar la imagen idealizada que tras años de experiencia habías forjado de ti mismo. Comprendiendo que la unión sólo es posible en la distancia, la alegría en la añoranza, la melancolía, el valor de ser capaz de querer porque dolerá, seguro que dolerá. Callar, no contestar, pero escuchar, pero sufrir, comprender. Sonreír, para adentro, el reverso de una cara triste. El haber estado ya ahí, declinar la invitación, cruzar de acera con amabilidad. No pero sí, sí pero no. Claridad meridiana en la ambigüedad, la patente del derecho de admisión, a refugio de lo tangible te ves alfarero de tus sentimientos, amoldando tus deseos a las carencias que ofrece la abundancia.

El rey de la república.

Escrito por hueco 16-04-2012 en General. Comentarios (0)

Te entregué el diente caído, una semana moviéndolo con el dedo, ratoncito, ratoncito, un hueco en la nueva sonrisa saludaba el regalo que no llegó. Desde que el alcohol no riega las venas la fuente se secó. Llamó a un amiguito para salir a dar un paseo pero vuelve a decir que no, otra vez su reflejo en los escaparates le acompañará al caminar. Volvería a nacer si no supiese todo lo que ha aprendido, si volviera la inocencia. Hicimos manitas algunos días pero los intrusos que ocuparon la infancia dejaron algunos cables desconectados. El rato que queda de vida prefieres odiarte a ti mismo y pelear con tus devociones. No fue nombrado entre los de sus pandillas, se acostumbró a jugar con chinchetas y empezar colecciones que dejar a mitad. Imaginó que lo mejor estaba por llegar, y lo mejor era imaginar que estaba por llegar. Llegaron muchas cosas, pero de todas se fue. La vida es un karaoke de canciones desconocidas, imposible ajustar la letra a la melodía, una apuesta bipolar, un dulce encuentro entre desconocidos, el arraigo de un presagio, el azar escondido en lo predestinado, procrastinar con heroicidad, escuchar con los ojos, ver con el corazón, temer con el estómago, sonreír desde el dolor, transgredir la felicidad, compulsivo descanso, tozudo despertar de cada día. Llora cada instante un nuevo nacimiento, siempre, lloran también cada muerte, algunas no, tal es el destino, cruelmente almibarado, el perfume de un beso a la madrugada, por un poco de entendimiento podría hasta renacer. Tal vez se llevarán mi arcoíris de ansiedad, el veneno de respirar una vez más, todo el amor que no has sabido regalar. Después del apocalipsis de entender, te queda aguantar las paredes de tu cuerpo, bombear emociones, achicar sentimientos, esculpir deseos, todo a medio camino de un lugar sin coordenadas preestablecidas, la taxidermia del alma que se consume con religioso capitalismo. El olvido de un post it que llevaba escrito tu aniversario con tinta invisible, muerte de un nonato, descabalgado de un ideal muy realista, el materialismo de lo simbólico, la liturgia de lo aleatorio siempre es la misma.

Oximorón

Escrito por hueco 05-04-2012 en General. Comentarios (0)

En la infancia, con toda su inocencia, se van formando los monstruos en que algunos adultos se convertirán. En la vida hace falta una buena predisposición al masoquismo para ser feliz. No hay peor desconfianza que la que con uno mismo se puede alcanzar. Las adicciones son la representación eufemística de la vida. Las letras son los átomos del lenguaje, los traductores que en su encadenada sucesión representan la consciencia, el rastro de que un día paseamos por estos pastos. Se supone que en la vejez sientes la soledad, el sentimiento desubicado perenne, cuando todas las hojas que conocías han caído ya del árbol de tu vida. El otoño, la estación que anuncia la hora de preparar las maletas para el invierno. Pero qué pasa si has ido perdiendo el equipaje por el camino, cuando ya no hay creencias ni fe que sirvan para guardar lo que de puro hueco careces. El vacío. Es lo que da sentido al sinsentido, lo que encaja las piezas del rompecabezas, el vacío es el descodificador universal de los secretos más ocultos. Sólo conocer las travesías en el desierto de otros te da la compasión suficiente para interpretar tu desconfianza, la empatía por los paisajes desolados de los hermanos de pérdida, de los voluntarios al abandono, de los místicos de lo agnóstico, de los escépticos de la incertidumbre, los disidentes de los patriotas de la felicidad por decreto, los okupas del último territorio al que no dar acceso a los que tratan de educar su libertad según el canon, los okupas de su propia intimidad. Los errores, que es de lo que trata esto de vivir, te ofrecen la oportunidad de pagar en cómodos plazos de tristeza para el resto de tus días, con el sueño idílico de lograr saldarla por medio de la indiferencia. La dicha de recrear sobre el papel tu desdicha.