Conspiración.

Escrito por hueco 08-03-2012 en General. Comentarios (0)

¿Qué quieres que te diga? Estoy un poco hasta los huevos de tanto supuesto talento. Me gustaría más voluntad, más terquedad, más simpleza. A fin de cuentas la inteligencia conlleva la soledad, con la severidad que esto supone, saberte parte del fenómeno conciencia-objeto, como fin en si mismo y carente de romanticismo intrínseco. Un mero mecanismo causal que encadena la voluntad, su representación, las ondas de distinta intensidad que chocan entre si y forman las percepciones concéntricas pero asimétricas de una realidad inexistente, con un significado aparente pero cuya metafísica está velada para los contemporáneos.

 

Luz en la ventana de enfrente, las cortinas entreabiertas y la joven pareja recién regresada de la jornada de trabajo se despoja de los complejos acumulados en el día, él apura un cigarro acodado en el marco, mirando la vida pasar, preparándose para rebobinar sus experiencias con el sueño y poder empezar otra vez, una mañana más.

 

En una calle cualquiera de la ciudad un mendigo acomoda las cajas de cartón que harán las veces de colchón en la improvisada suite que ha preparado en la sala del cajero automático de una entidad financiera. Quién iba a pensar que los bancos iban a ser el refugio de los desahuciados. Dejad que los pobres se acerquen a mí. Da un trago al tetra de vino barato que ha comprado en la tienda de conveniencia de una gran compañía que anuncia el inicio de las estaciones entre sonrisas de famosos. Su madre le enseñó de niño a no acostarse con el estómago vacío. El aprendió a cambiar la leche por el agua de fuego. Recuerda cuando alguien le besaba antes de acostarse y le deseaba felices sueños. ¿Dónde estará ya, para qué tanto esfuerzo de ella? La ilusión de su madre, el esfuerzo de su padre, madrugar todos los días con el cansancio acumulado del trabajo físico de toda una vida.

 

Una chica entra en la oficina en su primer día de trabajo. Está segura de que nadie notará su inseguridad, acompañando con movimientos asertivos de su cabeza todo lo que le pidan, por ajeno que pueda resultar a su entendimiento. Una nueva vida empieza, la posibilidad de independizarse de la niña que siempre será a los ojos de su familia. Tengo que hacerlo bien, esta vez nada puede fallar, todo depende de mí.

 

Sentado en un sillón de la sala de urgencias de un hospital se resiste a aceptar el diagnóstico que le han dado tres médicos distintos. No puede ser que me queden tres meses de vida. Si fuese cierto estaría en una cama del centro, no me habrían dicho que hay saturación de casos. No puede ser. Si fuera verdad serían más considerados conmigo, supongo, una especialista en situaciones traumáticas estaría ayudándome a llevar el trance. ¿Es que acaso no sería importante mi situación? Mi muerte, mi desaparición, el fin de todo.

 

Él se siente minúsculo en la inmensidad del patio de recreo. Todos los demás niños le parecen extraños que no pertenecen a su mundo imaginario. En una esquina dibuja sobre el suelo con una piedra. Trata de adaptarse a los cambios, pero su cuerpo se resiste a entender por qué su universo gira de otra manera y en qué ha fallado para que el sol ya no salga por el mismo lugar todos los días. Es su secreto, al que aplica toda su atención, por más que los adultos le requieran concentración en las tareas del día a día.

 

En la tele un señor trajeado y con barba, que habla como si tuviera fideos en la boca, dice que hay que ser austeros para recuperar el consumo. Yo pienso que si esto no se está consumiendo a marchas forzadas que venga Schopenhauer y nos lo diga. En la radio resucitan el éxito de un septuagenario intérprete que amenaza con una gira mundial en silla de ruedas. Unos que vienen otros que se van. La vida sigue igual.